Cosas que pasan/Reflexión

14-N: jornada de reflexión

Foto: Julio Zamarrón

Mañana hay convocada huelga general en toda España. La undécima de la democracia, la cuarta desde que estalló la crisis, la segunda en lo que llevamos de año. Conocemos al dedillo la ceremonia previa: amagos por parte de los sindicatos, posiciones encontradas a favor y en contra, declaraciones encendidas de políticos, medias verdades y mentiras, cifras amañadas de seguimiento. ¿Qué hay más allá de la ceremonia?  ¿Qué posibilidades reales quedan ante una huelga? ¿Qué vas a hacer tú mañana?

Hay muchas cosas que agradecer a los sindicatos: la jornada de 8 horas, infinidad de prestaciones sociales, convenios garantistas… son ejemplos de los frutos que ha recogido la actividad sindical durante décadas. No fueron regalos altruistas del empresariado. Muchos de estos frutos fueron obtenidos con violencia, y han moldeado de manera fundamental la sociedad tal y como la entendemos. Pero hoy, los sindicatos son vistos por muchos como un estorbo, como algo a eliminar, como un elemento más de la ecuación que ha hecho de España el paradigma de la corrupción.  ¿Cuál es el verdadero problema?

Quizá la clave esté en que los propios sindicatos han perdido la noción de institución histórica que tenían, abrazando el rigor mecánico de la ceremonia. Ya no remueven, sino que patalean. No conmueven, a lo más hacen ruido. No cambian la sociedad, tan solo remueven la superficie. El dinero público que reciben muchas de las centrales sindicales (salvo la dignísima excepción de CNT) es su nueva sangre. Organizan ruedas de prensa y mitines previsibles, eventos hilados con una gramática muy correcta de la lucha social. Y así, cuando llega la oportunidad de la huelga y la subversión, ésta lo hace bajo la misma pompa ceremonial. Aunque hasta hace poco eran dogma de fe, hoy muy pocos creen en ellas; y sin embargo, una bien planteada podria lograr unos efectos sorprendentes.

¿Cómo es posible que el escepticismo en torno a las huelgas siga calando, pese a los cinco millones y medio de parados, y pese a -al menos- siete millones de temporales y precarios?  ¿Cómo es posible, si además las perspectivas no tienen pinta de mejorar? Mientras sean los sindicatos los únicos capaces de negociar las condiciones laborales, la pelota está en su tejado. Pero es necesaria una revolución en sus planteamientos. Si en el escenario social todo es ilusión, espectáculo y dinamismo, entre bastidores las viejas poleas siguen impasibles. Son ellas, abriendo y cerrando el telón, marcando los límites de la función posible, las que determinan el final de la obra.

Los verdaderos cambios deben venir de múltiples sitios y dirigirse hacia estas poleas: una infinidad de rupturas pequeñas logran al final una completa subversión. Para ello, no queda más que apostar por nuevas formas de lucha, por una renovación de los antiguos métodos. Creatividad no falta: se habla de huelgas de consumo, de organización autónoma entre movimientos sociales y sindicatos alternativos. Si algo bueno tienen las huelgas, es que suponen un ejercicio de reflexión colectiva: esta entrada es una humilde aportación. Hasta terminar rompiendo los acontecimientos ceremoniales, los hechos que desgarran, la realidad que devora.

¿Qué nuevas formas de lucha propondrías? ¿Son posibles? ¿Y deseables?

 © 2012 Álvaro Ramírez Calvo. Todos los derechos reservados.

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