Apuntes/Reflexión

Contrapoder: dos ejemplos incompletos

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Foto: Wellcome Images

Hace tiempo nos quedamos aquí:

¿No hay una contradicción entre la noción de sociedad-red y el de concentración de poder? ¿No es la concentración una anti-red, en cierta manera? ¿Dónde quedan entonces las redes de contrapoder? ¿Existen?

Existen, sí. Pero es difícil crearlas y mantenerlas.

Ejemplo 1: Este caso, la resistencia ante la privatización de un hospital. En un contexto de crisis profunda, es un procedimiento previsible, que muestra una contradicción dentro del (hasta hace poco inalterable) Estado del bienestar. La lucha del personal del centro hospitalario, de sus usuarios y de simpatizantes con su causa se centra en consolidar un servicio público, en que no pase a manos privadas por medio de alguna misteriosa puerta giratoria. Es una lucha reactiva: reacciona ante un ejercicio de apropiación considerada ilegítima.

Ejemplo 2: El de la Corrala de Vecinas “La Utopía”, en el barrio de la Macarena (Sevilla). Una treintena larga de familias han ocupado un edificio de viviendas vacío (actualmente propiedad de Ibercaja). Con dificultades externas (cortes de agua y luz) e internas (disensiones sobre cómo articular ese proyecto con otras formas de lucha, asimilaciones a partidos políticos), La Utopía ha puesto en la agenda la forma del contrapoder autónomo, en la línea de algunas otras luchas que el fenómeno del 15-M ha contribuido a visibilizar. No es la única.

¿Qué diferencias hay entre ambas formas de lucha?

En el Ejemplo 1, la clave es la pertenencia. El hospital público pertenece a la administración pública. Por tanto, es ésta la que decide sobre su futuro. El margen de la lucha de sus trabajadores queda sujeto, por tanto, a la legislación. Es verdad, los gestores políticos pueden prevaricar (vía rápida). Pero también pueden modificar las leyes (vía lenta, o bueno, también rápida) haciendo que la privatización del hospital sea legal y la lucha de sus trabajadores esté bajo la espada de Damocles de lo ilegal.

En el ejemplo 2, la clave es la espacialidad. La Corrala es un oasis dentro de la pertenencia legislativa (oasis que el movimiento okupa ha aprovechado muy bien desde el principio), sin embargo la lucha que tiene es, de momento, autoconclusiva: empieza y termina en las corralas. Pese a algunos momentos de ruido en el exterior, necesita articularse con otras formas de lucha fuera del bloque okupado, para empezar a invadir un terreno social preñado por el poder estatal. La clave puede estar en que las luchas autoconclusivas se empapen unas con otras, tejiendo en red alternativas a una situación convulsa y virulenta.

Pertenencia y espacialidad. El hospital tiene una influencia espacial indudable para su comarca, pero en última instancia obedece a la legislación; por su parte, el bloque okupado es un espacio reducido, pero en cuyo interior brotan nuevas pertenencias de poder que no deben quedar ahí. Pertenencia y espacialidad: coordenadas clave desde donde jugar nuestras cartas.

Más entradas sobre el poder:

“De burbujas, efervescencia y poder”

Jardines, puertas giratorias y cloacas

 © 2013 Álvaro Ramírez Calvo. Todos los derechos reservados.

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