Cosas que pasan/Reflexión

Los dos minutos de odio

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Lunes, nueve y media de la mañana.

Sujeto un tibio tazón de colacao entre mis manos mientras espero, con cierta ansiedad, a que el chorro de imágenes informativas brote de la telepantalla y me diga qué tengo que pensar. El recorrido, mecánico y necesario, es el siguiente:

La 1: Declaraciones de un directivo de Iberdrola, asegurando que “hay indicios de que en 2014 la economía española mejorará”. Me asombra la vehemencia de su discurso, su sólido conocimiento de lo que está por llegar. Habla como si todas las variables macroeconómicas le pertenecieran, sabiendo que éstas, fruto de una sabia gestión política, cristalizarán el año próximo en una explosión de empleo para todos, estable, con grandes garantías y salarios de vida digna. El directivo es un importante empresario que forma parte de una comisión que está viajando por importantes capitales del mundo para consolidar el innegable valor de la marca España.

Antena3: Declaraciones de un tertuliano, insistiendo en que la labor principal del Gobierno ha de ser “crear empleo”. “Si las empresas no tienen que pagar la Seguridad Social el primer año, que no la paguen. El Estado tiene que crear empleo. Eso sí, se tiene que acabar lo de que la gente rechace trabajos”. Es muy importante todo esto, resuelvo para mí mismo. Que nadie diga no a cualquier puesto de trabajo. No importa aceptar condiciones aberrantes, sin cotizaciones sociales, con salarios mínimos y sin ningún reconocimiento laboral. Lo importante es el trabajo. ¿Trabajar para comer, trabajar para dormir tranquilo? No. Sólo hay que trabajar. Trabajar trabajando, trabajar buscando trabajo. Invadiendo, por supuesto, horas de comida y sueño.

Cuatro: No hay conexión. Pantalla en negro. De pronto, tomo conciencia de mi pensamiento autónomo. Me asusto, y pulso otra tecla. La 2. En ella está la salvación.

La 2: Sólo acierto a ver el título del programa en el menú de la telepantalla. Aquí hay trabajo. Aquí. España. Trabajo. Hay. Es demasiado. Agarro la telepantalla con ambas manos, gritándole: “TRABAJO ¿DE QUÉ, MALDITA ZORRA? ¿DE QUÉ? DIME, ¿DE QUÉ?”

Nueve y treinta y dos de la mañana. Apago la telepantalla. Sé que estoy cometiendo un crimen. Durante cinco segundos, mi tazón de colacao es más caliente todavía. La mañana de abril va abriéndose camino. Sólo siento odio dentro de mí. Todo me resulta insoportable: el aire, la primavera, el ánimo general, yo mismo. Misión cumplida. Hora de trabajar.

Foto: Fragmento de 1984 (George Orwell)

 © 2013 Álvaro Ramírez Calvo. Todos los derechos reservados.

Anuncios

Sapere aude!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s