Apuntes/Cosas que pasan/Reflexión

Poder y contrapoder, violencia y creatividad

Terminábamos uno de los artículos de hace unas semanas preguntándonos si existían redes de contrapoder en los límites del Estado. Vimos dos ejemplos de que sí, existen. Pero tenían un problema de origen: muchas veces se espera que las cosas cambien desde dentro hacia afuera. Y ésa es una rareza histórica que apenas se ha producido. Como dice Manuel Navarrete, “nunca jamás un proceso emancipatorio fue desencadenado transformando una organización contrarrevolucionaria en una revolucionaria”. Esta idea es complementaria a la que defiende Louis Althusser cuando asevera que el poder del Estado se apoya en una serie de aparatos ideológicos (partidos políticos, empresas, iglesias, sindicatos…) que, aunque no son Estado, fortalecen su proyecto. Por tanto, plantear alternativas al Estado, implica plantear alternativas a todos sus aparatos de poder.

Recurriendo de nuevo a Castells, ejemplos dispares como el movimiento antiglobalización o Al Qaeda siguen el principio de red del que ya hemos hablado. Son organizaciones que aprovechan la estructura de Internet para desplegar unas acciones locales y globales a la vez, esparciendo sus discursos en muchos puntos geográficos. No es una decisión arbitraria: sólo alcanzando a los medios de comunicación globales, se pueden combatir unas redes de poder que también lo son.

El problema viene cuando se confunde el instrumento con el contenido, cuando las nuevas tecnologías sustituyen toda intención de resistencia al poder. Hay ejemplos innumerables de hashtags, trending topics y estados de Facebook que han surgido espontáneamente como una forma de rebeldía y que apenas han tenido consecuencias. Al margen de la ignorancia, impunidad o falta de vergüenza de los aludidos, el truco es claro: las TIC han pasado a ser la nueva barra de bar, el nuevo patio de escuela. Un espacio virtual de poder virtual (falso), donde nos sentimos virtualmente soberanos. El poder real está en otro sitio.

carabinieri

Sin embargo, hay interesantes ejercicios de contrapoder que superan la ilusión de medios tecnológicos y que van a buscarlo, a tocarlo, a medir sus fuerzas, sin olvidar a las nuevas formas de comunicación: por ejemplo, los escraches y la (para algunos fracasada) convocatoria del 25-A. Interesantes ejercicios, porque muestran unas formas de actuar innovadoras, al margen de que tengan mejor o peor fama. Sin entrar en detalles técnicos, ambas formas de resistencia son ejemplos creativos, en el sentido de que esquivan los viejos modos de protesta, organización y visibilización de las luchas sociales, controlados y domesticados por el poder establecido.

Sólo quienes no se han molestado en conocer en profundidad ambos movimientos los tildan gratuitamente de violentos, olvidando las draconianas condiciones que la gran mayoría tenemos que enfrentar a la hora de aspirar a una vida digna. A fin de cuentas, ¿dónde empieza y dónde termina la violencia? Cuando ésta es estructural, desaparece ante los ojos miopes: pero no por ello deja de ser menos violencia. Si a un poder se le enfrentan muchos contrapoderes, es lógico pensar que a la violencia legal se antepondrá, tarde o temprano, numerosas contraviolencias, ilegales por definición, ilegítimas por principio. Poder y contrapoder se relacionan de forma caótica y turbulenta: igual que unas pastillas disolvíendose.

Un momento, ¿he dicho violencia ilegítima? ¿Cuántos de vosotros veis comprensible la acción de Luigi Preiti, el hombre que disparó contra los carabinieri? Levantad la mano. Tenía un objetivo inalcanzable, y acabó hiriendo a dos policías y una mujer embarazada. Ejemplo entre muchos de que la desesperación lleva a cometer actos impulsivos y absurdos. No sabemos si el poder se relaciona o se posee, pero sí es clara una cosa: se organiza. El contrapoder, por tanto, debería hacer lo mismo, si no quiere terminar en los bucles del desistimiento, la violencia ciega y el teatro.

Otra cosa es que el contrapoder y el poder sean en sí mismos bucles perpetuos.

 © 2013 Álvaro Ramírez Calvo. Todos los derechos reservados.

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Un pensamiento en “Poder y contrapoder, violencia y creatividad

  1. El ser humano siempre ha sentido que una causa por minoritaria que sea tiene que ser perseguida.
    El interrogante es cómo se defiende algo más o menos de forma correcta y cuánta gente se sube al carro sin tener idea alguna…vivimos en tiempos difíciles donde la violencia se toma como un acto de valentía y las palabras son silenciadas por balas, pero bueno ya lo dijo Aristóteles, “trabajamos para tener ocio y hacemos la guerra para tener la paz”

Sapere aude!

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