Reflexión

Y de pronto, cien años

camus

Y de pronto, cien años. Nacido en una época convulsa, absurda, irracional, a las puertas de la Primera Guerra Mundial: no se me ocurre contexto más simbólico para hablar de Albert Camus (persona). Un momento, ¿he dicho simbólico? No: el símbolo aspira a tener cierto orden de correspondencia, cierta explicación, cierto sentido, con la cosa simbolizada. Un sentido ni lógico ni necesario, pero sí social: ahí están las banderas, los crucifijos, las medias lunas, las esvásticas, las hoces y los martillos. Productos artificiales, pulcros, falsarios. El nacimiento de una persona, en cambio, es justo lo contrario: natural, sucio, verdadero. El contexto del nacimiento de Camus (persona), un mundo al filo de una afiladísima navaja, no explica el propio nacimiento: no hay orden de correspondencia. Pero cada época hace un nuevo tipo de hombre, y la que alumbró a Camus (escritor) albergaba cierto pesimismo. Normal, por otra parte. El orden de las cosas muertas, el orden del cuerpo frío, el orden del desorden en la información: el orden de la peste.

Precisamente La peste es lo primero (y hasta ahora, único) que he leído de Camus (escritor). Podría seleccionar cualquier extracto aleatorio: una obra maestra es una obra maestra se mire por donde se mire, se corte por donde se corte. La progresiva parálisis de una ciudad (colonia francesa, por cierto) devorada por ratas pestíferas y las muertes azarosas que cortan abruptamente todo afán de existencia, muestran, inversamente, los destellos más deslumbrantes: la solidaridad entre iguales y la esperanza de salvación. Un ¿nuevo? orden: el de las cosas vivas, el del cuerpo cohesionado, el de los vasos comunicantes. Todos estamos condenados como Sísifo, cayendo al rozar la cima: hasta que nunca volvemos a levantarnos. La muerte es absurda, la vida es absurda. Pero jamás se nos podrá achacar que no lo intentamos. Ni siquiera a Albert Camus (persona).

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2 pensamientos en “Y de pronto, cien años

  1. El sentimiento de lo absurdo, como explica Camus en El mito de Sísifo (y ficciona en El extranjero, El malentendido o Calígula), nace del conflicto entre el aparente sinsentido del universo y el deseo humano de otorgarle un sentido (a todo)… De esta forma, el mundo se nos muestra ajeno (muy acertadamente, Ignacio Vidal Folch recomienda hoy en El País el título de El ajeno, por más acertado, para la versión en español de la primera novela de Camus): ni nos pertenece ni le pertenecemos a él…

    En La peste ficciona (como en El estado de sitio y en Los justos) su teoría de la rebeldía (desarrollada en su ensayo El hombre rebelde). Para Camus, la rebelión, como empresa común, nos humaniza.

Sapere aude!

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