Cosas que pasan/Reflexión

Una mueca fascista

swans portada

Foto: Portada de Filth (1983), debut de Swans.

Debo dejar de mirar las noticias durante el desayuno: ayer hubo un nuevo acceso de atragantamiento. Este Gobierno mío, este Gobierno nuestro, ha decidido renovar, pulir y afilar la Ley de Seguridad Ciudadana. Por lo visto, el actual Ejecutivo ha confundido, como mi colacao, la tráquea con el esófago, y no le ha parecido bastante que a la norma vigente se le conozca con el alias de “Ley de la patada en la puerta”. A partir de ahora, será mejor llamarla “Ley de la navaja en la barriga”: multas de hasta 30.000 euros por vejar, insultar o amenazar a miembros de las FCSE, y hasta de 600.000 por distribuir sus imágenes y manifestarse sin previo aviso ante el Congreso y demás edificios del Estado. Son sólo un par de pinceladas del lienzo completo, un anteproyecto que abarca también al botellón y la prostitución callejera. Medidas disuasorias antes que recaudatorias, con una utilidad soterrada pero clara: dar un pasito adelante en el blindaje de la casta. Ya lo decía Loic Wacquant: se disuelve el Estado social, se arma el Estado penal. Ésta es una de sus caras.

Ahora resulta que el malestar social debe estar no sólo ultrarregulado, sino también ultrasancionado. Por su parte, las provocaciones genéticas de la clase dirigente son olvidadas, disfrazadas de eufemismo, travestidas en chanza indisimulada, metamorfoseadas en escupitajo metafórico. Un desconocido apretón de tuerca, un amistoso guiño autoritario, un sorprendente tic totalitario, una previsible mueca fascista. Atenazada la movilización social, secuestrada la legitimidad electoral (abstencionistas pasivos y votantes acríticos: gracias infinitas), ¿qué panorama nos queda? Uno binario: o hacia arriba, o hacia abajo. O hacia adelante, o hacia atrás.  No hay espacio para consensos, salvo para el consenso del pensamiento único: los inconexos oasis que había (en los medios, en la cultura, en los partidos políticos, en la clase empresarial) fueron demolidos hace tiempo, aunque algunos, sorprendidos, creen oír ahora los ecos de la explosión.

La pregunta, en este momento, es qué hacer: el viernes el anteproyecto irá al Consejo de Ministros, y por delante quedan semanas de concreción, matices y contenido. La sociedad no debe quedarse mirando con parsimonia, y a buen seguro habrá reacciones en contra en los próximos días: pero de lo que se trata es de articularlas de la forma más unitaria posible. Los gobernantes ya están re-organizando el espacio práctico de la legalidad: es hora de que la sociedad haga lo mismo con el espacio simbólico de las respuestas. Este esbozo legislativo tiene importantes puntos escritos en contra de, y no a favor de. Gobernar a la contra siempre fue marca de clase, pero nunca epicentro retórico. Ahora lo será, conectando el discurso con la acción. ¿No querían transparencia? Aquí la tienen: clara, meridiana y autoritaria.

 © 2013 Álvaro Ramírez Calvo. Todos los derechos reservados.

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