Reflexión

Para ti, que eres doctorando

phd042012s

A mí me pasa cada tres meses, a ojo. Seguramente a ti también. Estás dándole una vuelta al marco teórico, o despejando algún concepto, o compulsando fotocopias para una beca en Tampere, o repasando esa variable de control que-no-termina-de, cuando una idea, fulgurante cual rayo, parte tu cerebro en dos: “¿Pero yo para qué coño estoy haciendo esto?”. Y entonces el rayo traspasa tu cabeza y sale al exterior, el suelo se agrieta, y el cielo se abre, y de las grietas del suelo salen gigantescas serpientes de color negro, y del cielo se desparrama una inclemente lluvia de fuego.

Nadie entiende qué haces: como mucho, que pasas interminables horas en la biblioteca, leyendo libros. Por momentos, ni siquiera tú sabes qué estás haciendo. Te preguntan qué conclusiones sacarás, cómo aplicarás los resultados. ¿Cómo diablos saberlo a priori? ¡Estás investigando! Pensando cosas de una forma nueva, creando discursos nunca antes dichos. Aplacando la curiosidad personal, o documentándote para un enorme reportaje social,  o tratando de descifrar los procesos químicos que experimenta determinado polímero bajo determinadas circunstancias, o testando los resultados de un medicamento en una muestra de pacientes con algún trastorno mental.

Te gustaría que tu país, sea cual sea, recompensara y valorase tu trabajo en su justa medida. Sin embargo, hay una considerable cantidad de tu esfuerzo que se disipa, que nadie salvo tú ve, que sólo aspira a convertirse en el enésimo bloque de tu bagaje. Que no es poca cosa, ojo. Y luego, por supuesto, hay una ingente cantidad de tu esfuerzo que se ve directamente apisonada por el desconocimiento general, la ausencia de una cultura que apoye la innovación, una mastodóntica administración, lenta y construida a base de trabas, y una clase política que llena de palabras huecas la precariedad real, ejecutando numeritos como el de las FPU del año pasado, cuando 150 becas fueron eliminadas súbitamente justo antes de ser concedidas (imagínate la cara de los premiados). Eso, por no hablar de tener que compaginar los estudios con trabajos a tiempo parcial para mantenerte, de las desincentivadoras condiciones generales con las que trabajan becarios y contratados, y de la -casi- única opción de emigrar al extranjero para poder prosperar.

Muchas de estas cosas son el pan de cada día de miles de aspirantes a investigador en Japón, Alemania, Chile o España. Pero ni esta situación es nueva para ti, ni estas líneas son de desaliento. El proceso de hacer una tesis doctoral es un camino largo, no apto para impacientes. Un trabajo mecánico pero a la vez líquido, una disciplina que va de la cantidad ingente de información al pedacito minúsculo de conocimiento nuevo, muchas veces inservible en un plazo inmediato, pero nunca inútil. No es juntar citas, no es escribir por escribir: sobre todo es un camino (travesía por el desierto) de transformación personal. El sujeto que empieza y el que termina comparten nombre, apellidos, DNI y ADN: pero no son el mismo.

Hacer una tesis es también una experiencia personal, una reflexión sobre sí mismo y una reflexión sobre el contexto que le rodea. Detrás de cada tesis hay personas que viven, piensan, tienen ilusiones y tienen expectativas, personas de carne y hueso que se encantan y que se desencantan con las cosas y que hacen algo más que inscribirse en un programa de doctorado y escribir un texto. (Jordi Colobrans i DelgadoEl doctorando organizado)

Mientras el trabajo avanza, las ilusiones se van transformando (a veces en otras nuevas, a veces no), las redes de contactos crecen y poco a poco, vas teniendo cosas interesantes que decir. Generas un discurso con tu impronta. Y haces descubrimientos. Los tuyos propios. Muy probablemente no sean nada revolucionarios, pero suponen una inyección de alegría. Creas cosas, profundizas ideas. Y puedes ganarte la vida con esto. Y ves que, después todo, no estás solo, que existe un colectivo que trata de defender tus derechos, que hay blogs estupendos que explican que tu maldita crisis cíclica trimestral es algo muy común, que hay tiras cómicas y hasta guías ilustradas que reflejan tu situación con un sanísimo sentido del humor…

Y entonces las grietas se cierran, y las serpientes negras desaparecen.

¿Y al acabar la tormenta? Sencillo: solamente se trata de seguir empujando.

Foto: PhD comics

 © 2013 Álvaro Ramírez Calvo. Todos los derechos reservados.

Anuncios

2 pensamientos en “Para ti, que eres doctorando

  1. De lo que estamos hablando es de GENERAR CONOCIMIENTO y en nuesta sociedad lo que se valora es generar entretenimiento. Pero para los Doctores es cuestión de principios, de incquietud, de interés. Somos mentes inquietas que quieren SABER. ¡Animo! hacer un doctorado es un esfuerzo lleno de recompensas.

Sapere aude!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s