Cosas que pasan/Reflexión

Gamonal: llamas, cámaras y democracia

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La ecuación parece funcionar de la siguiente manera: para que haya democracia, hay que levantar una barricada. Para que el pueblo sea escuchado, hay que lanzar piedras. Para alumbrar la existencia de corruptos, nada como prender fuego a un contenedor. Las manifestaciones de Burgos han nacido y muerto en una misma semana, el problema ha surgido de la nada, se ha roto el consenso institucional, la oveja ha pegado una dentellada a la mano del pastor mientras el perro guardián metía el rabo entre las piernas.

Por triste que suene, para que el contenedor alumbre eficazmente al corrupto, antes debe haber una cámara de televisión (o un hashtag, o un like de Facebook), que ilumine a ambos y que les otorgue existencia. Si no, no sirve: hay que repetir la toma, hay que ganarse la legitimidad de las lentes y los telediarios. Seamos optimistas: por lo menos, ha habido medios cubriendo las protestas. Perfectamente podrían haberlas silenciado, lo cual habría sido peor.

No hay mejor imán para una cámara-legitimadora que un contenedor en llamas. ¿Significa esto que las manifestaciones de Gamonal eran violentas? No: fueron violentadas.

Y lo fueron porque las condiciones de partida eran insultantes, humillantes y, ellas sí, violentas. Sibilina, simbólica, figuradamente. Pero violentas.

Afortunadamente, ha habido medios que han señalado los problemas de fondo derivados de las manifestaciones de los últimos días. Después de todo, lo que se ha estado viendo no es más que una segunda parte de los hechos de Eladio Perlado, una calle de Gamonal que en 2005 vio la sombra de la especulación urbanística. ¿Se acuerdan? Probablemente no: la cobertura mediática fue ínfima en comparación. Además, se trataba de 2005 y se trataba de construir: palabras que estaban hechas la una para la otra. Esos hechos, a su vez, tenían como telón de fondo una trama de corrupción, chanchullos, guiños y palmaditas en la espalda que los burgaleses llevaban aguantando varios años.

Así que no: las protestas no han sido espontáneas, ni ciegas, ni han estallado a borbotones. Al contrario. Han ido entrando en ebullición, grado a grado, turbulencia a turbulencia. Hasta que la acumulación de calor ha sido tal, que a la superficie no le quedaba más remedio que romper. Es lógico y normal en estas condiciones. Nada de irracionalidad, nada de barbarie.

Y si los disturbios de Gamonal conectan con otros, es porque las causas de Gamonal conectan con otras. ¿Miedo a un contagio? Podría pasar (todo está empapado en gasolina), aunque conviene ser escéptico. Las cámaras no explicarán jamás qué demonios ha ocurrido en Burgos, pero regurgitarán cada llama democratizadora, la repetirán, harán de ella mil, cien mil, mil millones, hasta perder el hilo de la historia y trasponer los términos. Hasta que parezca, una vez más, que no es la llama la que alumbra al corrupto, ni éste quien consume a la democracia, sino al revés. El corrupto alumbra la democracia y la llama la consume irracionalmente.

Entonces, habrá que empezar otra vez a discutir los términos.

Foto: Pintada en el barrio de Gamonal | EFE

 © 2014 Álvaro Ramírez Calvo. Todos los derechos reservados.

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