Reflexión

Contra-violencia


Triángulo violencia Galtung

La violencia física desarticula algo físico: un cuerpo humano.

La violencia cultural desarticula algo cultural: una religión.

La violencia estructural desarticula algo estructural: el derecho universal a alimentarse.

A su vez, la violencia puede moverse sobre un eje vertical (desde la base estructural-cultural, estimulando la violencia de la cúspide, y viceversa) u horizontal (desde un momento 0 a un momento t).

Es decir, que la violencia puede ser regulada: en picos, en ciclos, a intervalos. Previsibles, coyunturales, caprichosos. Un uso eficaz de la violencia, debería hacerlo afectando los niveles directo, cultural y estructural, a lo largo del tiempo y sobre todo, con una articulación de contenido detrás.

Éste es el verdadero desafío de emplear la violencia política: haciéndolo guardando el equilibrio entre violencia y contenido. Violencia y objetivo. Violencia e ideología. La violencia siempre va a tender a volverse contra su sustrato ideológico, porque en la violencia hay cierto germen de contagio, cierto impulso expansivo. La violencia puede salirse de su marco, como las llamas pueden desbordar la chimenea e iniciar un incendio.

La violencia puede funcionar como símbolo, pero los símbolos también pueden violentar. Por eso la violencia es estructural y cultural. Porque muchos símbolos violentan y parecen no hacerlo. Ahí está su éxito. El mejor truco del diablo es hacer creer al mundo que jamás existió. Con la violencia simbólica ocurre lo mismo: hacer creer que no disgrega estructuras, y dar todos los pasos en la dirección contraria. Desarticula a las empresas. Desarticula a las familias. Desarticula a los parados. Desarticula a los jóvenes. Desarticula a los salvadores de la patria. Todo en un marco de perfecto consenso nacional.

Resistencia civil

Pensemos la clásica pelea policía-manifestantes.

Si a una violencia directa Vd se le enfrenta una contraviolencia directa CVd´, ésta debería estar también apoyada por una contraviolencia cultural CVc’, opuesta a una violencia cultural originaria Vc. Todo fuego necesita un oxígeno: si no tiene ese combustible “simbólico” del que sí goza Vd (desde el poder legal de autoridad hasta los valores asociados con seguridad, ley y servicio ciudadano que encarnan los agentes policiales y que asume mucha gente), CVd’ no tardará en sucumbir, puesto que serán otros quienes creen sus valores asociados (relacionados esta vez con el vandalismo o incluso el terrorismo).

Así que no: lograr el cambio no es tan sencillo como armar barricadas. Si lo fuera, ya se habría logrado mucho antes.

Ojo, que toda violencia directa tiene una razón de ser. Por eso brota y es aceptada parcialmente. Pero de ahí a decir que es necesaria es abrir la puerta a la deformación. Por usar un Godwin ibérico, ETA también consideraba que sus víctimas eran “necesidades históricas”, por ejemplo. Eso no les hace menos asesinos. Las condiciones de “necesidad” que ellos defendían pronto fueron fagocitadas por una violencia totalmente desbordada… y que ha dejado de practicarse con décadas de retraso. ¿Acaso la contraviolencia urbana está libre de ese pecado?

Por eso es necesario equilibrar la contraviolencia (legítima muchas veces, porque amplios sectores de la población está hartos, presionados y la rebelión supone una liberación) con un programa que articule hacia un modelo deseado de sociedad.

Por eso es un debate estéril el que acepta la violencia y niega el 15-M, o el que abraza a Gandhi y rechaza a Durruti. El 15-M ha creado una masa crítica y una explosión de proyectos y propuestas  sin precedentes. ¿Por qué la rabia ciudadana de estos días debe necesariamente rechazar aquello?¿Se perdió la oportunidad para siempre? ¿El ciclo vital sólo duró de 2011 a 2014? ¿Es un éxito entonces el status quo que vivimos hoy, intacto desde tiempo indefinido, pese a los constantes crujidos que afloran por aquí y por allá?

La violencia que desarticula estructuras sirve a unos intereses perfectamente definidos por sus defensores. La contraviolencia, pues, tendría que hacer lo mismo. Contenido, de nuevo. Si no, estará condenada a sufrir un bucle derrotista, convenientemente regulado, previsto y esperado, que en el mejor de los casos sólo puede aspirar a sus objetivos opuestos: estimular la represión y la incomprensión.

La política incluye a la violencia, pero ésta no agota a la política. El abanico de combinaciones, prioridades, sensibilidades y estaciones de destino es inabarcable. Hagamos política, pues. Vayamos contra la violencia. Hagamos contra-violencia.

Figura: Triángulo de las violencias de Johan Galtung (Wikipedia)

 © 2014 Álvaro Ramírez Calvo. Todos los derechos reservados.

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