Acción/Relatos

Sudamericano

Los_Negros_de_Esmeraldas_-_Andrés_Sánchez_de_Gallque_(siglo_XVI)

1. adj. y s. De América del Sur o relativo a este subcontinente americano.

(Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe.)

Jorge Arturo era taciturno y enjuto, tanto de carnes como de palabras. Cuando hablaba, gustaba de hacerlo con las quinquinas, quienes le replicaban con su incontinente piar. También le gustaba escuchar el silencio de los cucharos, y bañarse bajo la lluvia furtiva, allá en el bosque, donde vida y muerte se entrelazaban en un baile sin cadencia ni final.

– ¿Oyeron las noticias?

Descendiente de indígenas del Cauca, Jorge Arturo vivía de sembrar palma. Su hogar era una encrucijada milenaria, lugar de paso para la guerrilla, algunas mulas del narco y los emigrantes provenientes del vientre montañoso del Macizo. A veces confluían esos atributos en una sola persona, a veces no. En esa región, en la selva y el poblado, la traición tenía mil formas: todo podía ser una cosa y su contraria.

– Las conversaciones exploratorias se llevaron a cabo durante seis meses en La Habana, con el acompañamiento de Cuba y Noruega…

Al terminar su jornada de trabajo, Jorge Arturo acudía siempre a la cantina vieja para beber champús. Las veladas se alargaban indefinidamente. El único sonido destacado por debajo de las voces de los parroquianos era el del zumbido de los mosquitos, que tras años de dura competencia habían vencido al fin a los intermitentes tableteos de las balaceras que venían de la jungla.

– Santos también indicó los cinco puntos que guiarían el diálogo entre las partes. Estos son: desarrollo rural y mayor acceso a la tierra, garantías del ejercicio de oposición política y participación ciudadana, fin del conflicto armado, búsqueda de soluciones al problema del narcotráfico y derechos de las víctimas…

La desvencijada televisión emitía las imágenes de la noticia. Jorge Arturo callaba y escuchaba a sus compadres. Campesinos de la palma y el banano, algún ganadero, un maestro, un veterinario. Recordaban el menudeo, el peligro, las caminatas por la sierra, vigilados por serpientes y guerrilleros, acechados por tarántulas y paramilitares. Comentaban los exiguos beneficios del negocio.

– Parece que por fin llegó.

Nadie esperaba que Jorge Arturo hablara. Entonces callaron ellos. Ya no recordaban los inmensos costes de aquella trágica empresa. El secuestro del hijo de un plantador de palma. La tortura del sindicalista. El reclutamiento forzoso de insurgentes, la promesa de dinero, riquezas y poder, el olvido de los féretros y las campanas de duelo.

– Sí, Jorgito… parece que por fin llegó.

La televisión y los mosquitos fueron los únicos que hablaron aquella velada. Agosto tocaba a su fin.

Imagen: Los negros de Esmeraldas (Andrés Sánchez de Gallque)
 © 2014 Álvaro Ramírez Calvo. Todos los derechos reservados.
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