Acción/Relatos

Migaja

Diego_Velázquez_016

migaja.

(Del dim. de miga).

1. f. Parte más pequeña y menuda del pan, que suele saltar o desmenuzarse al partirlo.

2. f. Porción pequeña y menuda de algo.

3. f. Parte pequeña de algo no material.

4. f. Nada o casi nada.

5. f. pl. Desperdicios o sobras de alguien, que aprovechan otros.

reparar en ~s.

1. loc. verb. coloq. Detenerse, cuando se trata de cosas de importancia, en las de poca monta, y escasearlas o escatimarlas.

(Real Academia Española)

Lucía estudiaba Comunicación en Madrid. Vivía cerca de La Latina, el salón de su casa no tenía ventanas. Le gustaba decorar las paredes de su habitación con fotos de sus amigos, y en un cuaderno de espiral anotaba los encuentros sexuales con sus amantes.

Pablo trabajaba labrando una vasta extensión de viñas. Vivía en un pueblo, su casa seguía teniendo establo. Al morir sus padres, decidió heredar el campo y el negocio. También heredó un cáncer.

Lucía adoraba visitar Cats cada sábado de madrugada y bailar frenética sobre la pista de baile. Soñaba con grabar un corto, soñaba con triunfar. Odiaba la verdura, y también la historia, sobre todo la historia del cine.

Justo aquella semana se cumplían dos años desde la muerte de la esposa de Pablo. Durante los primeros meses del duelo, se abandonó al alcohol. Después de una conversación con el párroco, afianzó su fe y pasó a visitar la iglesia todos los días.

Lucía todavía odiaba más el compromiso: por eso, cada domingo a media mañana despedía a sus amantes con el mismo gesto torcido. Por eso, cada miércoles por la noche colgaba el teléfono a su madre con la misma despedida cortante.

Por las noches, Pablo soñaba con volver a oler el pelo de Juana, soñaba con volver a cogerle de las manos mientras tomaban café. Pese a su devoción, le resultaba imposible coger el teléfono y llamar a sus hermanos. Pese a su devoción, le resultaba imposible pedirles perdón.

***

Lucía encontró sus migajas en la Línea Circular, entre Moncloa y Príncipe Pío. Apuntaban una dirección contraria a la que estaba yendo: Cuatro Caminos, encrucijada crucial. Qué más da, pensó, si quiero subir y quiero bajar. Qué más da, pensó, si quiero triunfar y quiero fracasar. Qué más da, pensó, si todo en esta línea es circular.

Pablo encontró sus migajas mientras vigilaba el lloro de la vid. Seguían una inquebrantable línea recta, apuntando hacia su antigua casa. La herencia de sus padres, el lugar donde empezó todo. Sobre las encallecidas palmas de sus manos, aquellas migajas relucían como pepitas de oro. Les llamaré, pensó, esta misma tarde. Les llamaré, pensó, y dejarán de dolerme los sueños. Les llamaré, pensó, les llamaré.

Migajas blanquinegras para un pan agridulce.

Imagen: El almuerzo (Diego Velázquez)

 © 2014 Álvaro Ramírez Calvo. Todos los derechos reservados.

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