Acción/Relatos

Faetón

Rubens-Fall_of_Phaeton

(Del fr. phaéthon, por alus. a Faetón o Faetonte, hijo del Sol, según la mitología, y conductor de su carro).

1. m. Carruaje descubierto, de cuatro ruedas, alto y ligero.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

A la desmemoria de Emilio Botín.

Sudón, aquel joven y testarudo caballo, caminaba erguido y con paso seguro -la senda era bien conocida-, pero algo no terminaba de ir bien aquella mañana. A la entrada del pasadizo cavernoso que conectaba con la pedanía perdida, decidió parar, erguido pero inquieto. Piafó. La oscuridad del bosque le abrumaba con poderío. Permaneció inmutable ante los gruñidos y golpes de su amo, de nombre impronunciable. Recibió varios puntapiés. Al principio suaves, pero con saña creciente. Sudón no se inmutó. No estaba dispuesto a adentrarse en las sombras.

***

Gervasio, el viejo montañés, afrontaba un duro día de labor. Montado en su faetón, llevaba las gavillas de mies y leña al valle. El invierno se esperaba duro, y en aquel tiempo la madera todavía se pagaba bien. Por la mañana, él y su sobrino habían cargado y asegurado los fardos. Aquella era una entrega realmente voluminosa y pesada. Las primeras nieblas de la temporada anunciaban la agonía del verano tras una quebradiza tregua. Los bultos se despacharían en apenas dos horas. Volvían a cumplirse las profecías. Las últimas casas del pueblo, antes de llegar a la cueva, quedaban atrás.

***

Frío, duro y de innegable resistencia, el faetón aguantaba. Llevaba haciéndolo durante generaciones enteras, desde que las partes de su estructura fuesen ensambladas en la forja, su capota hilvanada y sus ruedas pulidas y engrasadas. No tenía nombre. Poco importaba. Hacía su función, sin rechistar, sin rechinar. Pero aquella mañana, algo sucedió. En mitad del trayecto, con Sudón soportando inclementes tirones de las riendas, y Gervasio maldiciendo y escupiendo improperios, algo gimió dentro del carro. Todo se precipitó en menos de un segundo, y ya nada pudo enmendarse. Aplastado el hombre, lisiado el cuadrúpedo, hecha añicos la estructura. La carga, rodando por el suelo, fue a parar al suspiro de arroyo que serpenteaba por los márgenes de la cueva. Afuera, las sombras del bosque aguardaban. Dentro, la profecía se cumplía.

Cuadro: Caída de Faetón (Peter Paul Rubens, 1604-1608)

 © 2014 Álvaro Ramírez Calvo. Todos los derechos reservados.

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