Acción/Relatos

Descollar

Vincent_van_Gogh_-_The_Church_in_Auvers-sur-Oise,_View_from_the_Chevet_-_Google_Art_Project

“Los campanarios de las iglesias descuellan”

(De des- y cuello).

1. intr. sobresalir. U. t. c. prnl.

MORF. conjug. c. contar.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

— ¿Véis? Descollar es sobresalir. Los campanarios de las iglesias, por ejemplo, descuellan. ¿Alguna pregunta más, chicos? ¿No? Bien… Teníamos también unas frases para analizar.

Miradas al suelo, a los apuntes, a un punto inexacto de la pizarra. Murmullo apático, informe, por aquí y por allá, algo típico teniendo en cuenta que es viernes y son casi las dos del mediodía, aunque cualquier momento es bueno para sumergirse en las mansas aguas de la apatía adolescente de una clase de Primero de Bachillerato.

— Belén, empieza tú. Sal.

Durante una fracción de segundo, Belén hace como que no ha oído nada, pero finalmente se levanta, abandona su pupitre y camina, de esa forma tan característica, arrastrando los pies, hacia la tarima, no se da mucha prisa, sus piernas son larguiruchas y podría llegar en la mitad de tiempo, pero eso implicaría hacer las cosas eficientemente, y en eso Belén no es buena, ni tampoco potenciando su autoestima, puesto que ahí arriba, en la tarima, con la tiza entre sus dedos, detesta que todos la miren y sólo alcanza a decir que no sabe si las tiene bien, pero bueno, y empieza a escribir, con la letra perfectamente redondeada, el típico estilo de una chica de dieciséis años y que nadie sabe dónde demonios se enseña. En la otra punta del aula, mientras tanto, César le cuchichea a David, su compañero de pupitre y camarada de juergas, que ese culo -el de Belén, evidentemente- sí que no va a descollar en la puta vida, macho, y David se retuerce al instante, tratando de que sus risas no sean demasiado ruidosas, pero es imposible, porque David es simplemente incapaz de mantener un mínimo de discreción, y al tomar aire, su garganta chirría con un quejido extraño, haciendo que César empiece a reir, torpemente, ¿cómo si no?, con la boca encasquillada, logrando que la profesora mire automáticamente al lugar del barullo, porque claro, les tiene calados a los dos, desde la primera hora del primer día de clase.

— A ver, vosotros, qué pasa? Es la cuarta vez que os llamo la atención hoy. David, al pasillo.

Y David dice que no ha hecho nada, pero la autoridad es impasible.

— Al-pa-sillo.

Y David tira el el bolígrafo Pilot contra el pupitre, arrastra la silla y lanza un par de comentarios victimistas, porque David es ante todo una víctima, y cierra la puerta de la clase con furia impostada, y menos mal, porque si David se lo propusiera podría tumbar a cualquiera de una hostia. Al hacerlo, la pequena corriente generada levanta unos pelos del flequillo de Gustavo, que ni se inmuta, porque está escribiendo, dale que te pego, dale que te pego, escribiendo en su cuaderno de espiral, ideas inconexas, él no lo sabe todavía pero en un futuro sus libros serán famosos y publicará La furia inerte, aclamado ensayo que leerán desde aburridas amas de casa de las ciudades dormitorio hasta estudiantes polacas en el Parque del Retiro, y sigue escribiendo, porque adora escribir, y hace caso omiso al resto, porque el resto le hace caso omiso a él.

— ¿Dónde está el sujeto, alguien lo sabe?

Quien más pasa de Gustavo es Matías, a quien le está vibrando el estuche en este preciso momento, sí, el estuche de Matías vibra, y se ilumina levemente, como la tripa de E.T. cuando había problemas, pero Matías no piensa en esa imagen, en la del arrugado alienígena atemorizado en el bosque, sobre todo porque la película se estrenó dieciséis años antes de que él naciera, o sea, en la Prehistoria, no, Matías asocia móvil iluminándose con Laura 1B, y efectivamente, es Laura 1B, está en Whatsapp, le dice “Que haces”, y “estoy en la calle”“no soporto al de filo”, y “jjj”, “tengo ganas de verte”, y “mis padres tienen cena este finde”, y “casa paa los dos”, y luego pone un corazón, o algo así, yo qué sé, yo soy viejo para esto, no entiendo nada y desde tan lejos no puedo leerlo bien, pero en cualquier caso Matías sonríe para sí y su autoestima recibe un chute gordo porque todavía, a día de hoy, nadie le ha mandado a paseo, aunque ocurrirá tarde o tempano.

— ¡Eso no es el sujeto, Belén!

Y Belén borra con desgana, y se queda fría delante del encerado y bajo la mirada de la profesora, no reconoce el sujeto, ni nadie en el aula, ni la profesora, aunque finja saberlo, porque ellos no son sujetos, ellos son masa, ríen al unísono, lloran al unísono, y si suena el timbre se van al unísono, pero también a veces ríen solos, en casa, solos, y a veces también lloran solos, en casa, solos, y ninguno de ellos sabe por qué pasa eso y la profesora a menudo llora sola, en casa, sola, y no sabe por qué, bueno, en realidad sí lo sabe pero pretende no saberlo porque cree que ya es irremediablemente tarde para volverlo a intentar, y todos lloran y ríen, quizá es por aquel chiste o por aquella canción, o quizá por el desprecio que sintieron aquella vez y que, sin saberlo aún pero intuyéndolo, les va a marcar de por vida y va a impedir que el día de mañana, en una cena de empresa, sean incapaces de decir “hola” a cualquier persona mínimamente desconocida, pero en cualquier caso y de momento, las risas vencen, y eso es lo importante, que en el balance haya más risas que llantos, y Gustavo, César, la profesora, David, Belén, Matías y Laura 1B podrán estar miles de años buscando el sujeto, pero no lo encontrarán, porque si tuvieran el valor de agarrar ese libro llamado diccionario verían que “sujeto”, entre otras cosas, significa

sujeto, ta.

(Del lat. subiectus, part. pas. de subiicĕre, poner debajo, someter).

3. m. Persona innominada. U. frecuentemente cuando no se quiere declarar de quién se habla, o cuando se ignora su nombre.

, y ellos no son sujetos porque tienen una historia, inacabada, con nombre y apellidos, y es una historia incoherente, no encaja con el verbo, no necesita un complemento directo, ni uno de régimen, y ellos ni son sujetos ni están sujetos a nada, porque son personas, en proceso, son seres vivos, en proceso, también la profesora, que mira a sus alumnos como si fueran inferiores, pero no lo son, lo está, están todos en proceso constante, en movimiento imparable, de camino hacia algún otro lugar, hacia alguna otra estación, a ser posible una más soleada.

Cuadro: La iglesia de Auvers-sur-Oise (Vincent Van Gogh, 1890)

 © 2014 Álvaro Ramírez Calvo. Todos los derechos reservados.

Anuncios

Sapere aude!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s