Acción/Relatos

Vampiro

1330627159_835395_1330627466_noticia_normal

(Del fr. vampire, y este del al. Vampir).

1. m. Espectro o cadáver que, según cree el vulgo de ciertos países, va por las noches a chupar poco a poco la sangre de los vivos hasta matarlos.

2. m. Murciélago hematófago de América del Sur.

3. m. Persona codiciosa que abusa o se aprovecha de los demás.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

Desde hacía cinco años, no dormía por las noches.

Las tres pantallas de ordenador eran el faro de su esperanza, vomitando cascadas infinitas de números actualizados al segundo, informando de la variación en las fluctuaciones, proyectando escenarios futuros, a seis meses, a tres meses, a dos semanas, a cinco días.

Una y otra vez, una y otra vez.

No sé cómo vamos a salir de esta.

Recibía trescientos e-mails al día y unas cuarenta llamadas telefónicas. Las llamadas eran más prioritarias. Las atendía de siete a nueve de la tarde. La mayoría eran para hacer un repaso de la jornada, de las horas consumidas, de los objetivos cumplidos. Requerían estrategia, sangre fría, hacer caso al cliente o bloquearle de inmediato y hacerle cambiar de prioridades. Si uno dominaba las normas básicas de la retórica y la especulación, estaba hecho. Contestaba a los mensajes electrónicos desde las nueve de la noche hasta las seis y media de la mañana. En su mayor parte eran rutinarios. Avanzaban reuniones para los lunes, miércoles o viernes. Solicitaban la renovación automática de la cartera de servicios. Recordaban los aperitivos pendientes en los hoteles de lujo habituales. Pedían consejos más o menos previsibles sobre operaciones más o menos arriesgadas. Por lo general, no necesitaban de mucha reflexión y se escribían sin pensar apenas, haciendo un rápido cálculo de escenarios.

Mientras enviaba la correspondencia, echaba apresurados vistazos a la pantalla de la derecha.

Abrían Sidney, Tokyo, Hong Kong. Se actualizaban las variaciones en el barril de Brent. Alguna milicia islamista cometía un atentado. Las materias primas para el mercado de futuros seguían dentro de lo previsto. Se publicaban las primeras ediciones de los periódicos del Pacífico, de Asia Central, del Golfo. ¿Cómo iba la guerra en Siria? ¿Qué fue de aquel oleoducto enorme que iba a construirse en Turkmenistán? ¿Seguía el cuerno de África tan caótico como en los últimos veinte años? Sus llamadas de la tarde le calmaban: en Portugal el paro se mantenía en los parámetros establecidos y la regulación de energías renovables seguía siendo un caos. Alemania llevaba ventaja, pero era un tigre de papel. 2016 era la gran fecha, y se acercaba. Se rumoreaba que las reservas de crudo noruego estaban mucho más cerca del agotamiento que lo que el ministerio de Petróleo había anunciado en su informe anual el mes anterior, y los últimos hallazgos en el Mar del Norte no daban para más. Algunas prospecciones exploratorias daban como buena la zona de Laponia para seguir indagando, pero eso quebraría las idílicas relaciones entre Oslo, Estocolmo y Helsinki, que querrían su parte del pastel. Moscú también intenvendría. La balanza comercial estadounidense seguía en manos de saudíes y chinos. Precisamente China era la principal acreedora de la deuda soberana de Ecuador, así como la propietaria de enormes superficies destinadas a uso agrícola en la Amazonía brasileña y en Kenia.

A ver si sale algo.

Tenía una hija. Se llamaba Carla.

En cuanto se despertaba, a las tres, acudía al colegio para recogerla. En el coche, de camino, escuchaba la radio. El carrusel de noticias. El dato del paro del mes de noviembre, el Ibex 35, la sesión de control al Gobierno.

Mientras esperaba en la puerta, hablaba con madres y padres. El pescatero había empezado un ERE. A la recepcionista le habían cambiado el contrato por uno temporal. Al técnico del teléfono le habían despedido por causas objetivas. Prestaba especial atención a las palabras empleadas. No sé qué va a pasar. Es una suerte que estemos aguantando. También leía sus miradas, la forma de cruzar los dedos de las manos. Las bolsas concéntricas. Todo eran datos, todo era susceptible de formar parte de una ecuación. El positivismo no estaba muerto. Estaba de parranda, bailando frenético en la pista de baile, en el parqué bursátil.

A la vuelta del colegio, para no aburrir a la cría, sintonizaba Los 40 Principales. Era su único momento de alivio.

El mundo giraba, el día pasaba y las fluctuaciones trazaban curvas. Las bolsas cerraban, las bolsas abrían. Su vida era un carrusel. Su sed, una progresión exponencial. Amaba aquel vaivén, incierto y ansiado. Era bueno que las cosas se movieran, incluso si era en contra de los propios intereses. Mejor eso a la quietud.

Cuando daban las seis y media, se acostaba. Intentaba dormir.

Yo ya no sé qué vamos a hacer de aquí a un mes.

A las nueve, siempre se despertaba como de un mal sueño. Iba al cuarto de baño. Se lavaba la cara. Contemplaba sus enormes ojeras, idénticas a las de los padres de los compañeros de Carla, formando pliegues infinitos, como en un disco de vinilo. Viólaceos. Su piel era blanca, y sus venas, de color ceniza. Había adelgazado diez kilos desde el último ascenso.

La puerta de casa se cerraba. Carla iba a clase. Su mujer no le hablaba. Tenía que arreglar eso. Lo apuntaría en un post-it.

Mientras el agua resbalaba por sus pómulos, contempló las ojeras, buscando en aquellos innumerables surcos una perfecta ecuación que aliviara el misterio.

Su lado de la cama estaba gélido. Su patetismo, intacto. Su traje, impecable.

Si un rayo de sol le alcanzaba, terminaría carbonizado.

Como un acto reflejo, observó sus muñecas. Las cicatrices. Los otros microsurcos, aquella vez, derramando sangre color ceniza, mientras la cuchilla rasgaba la carne.

Dos cortes en sendas muñecas. Microsurcos y terror. Un mordisco de vampiro.

No sé qué esperar de mañana.

Mientras las lágrimas resbalaban por sus pómulos, Madrid abría, y los misiles llovían sobre Alepo.

Ilustración: El Roto

 © 2014 Álvaro Ramírez Calvo. Todos los derechos reservados.

Anuncios

Sapere aude!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s