Acción/Relatos

Imitar

George_Harrison-All_Things_Must_Pass_(2001)-Frontal

(Del lat. imitāri).

1. tr. Ejecutar algo a ejemplo o semejanza de otra cosa.

2. tr. Dicho de una cosa: Parecerse, asemejarse a otra.

3. tr. Hacer o esforzarse por hacer algo lo mismo que otro o según el estilo de otro.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

El joven guitarrista regaló un beso profundo y enciclopédico a la cerveza que yacía en su regazo. Las arañas dormían con alegría entre los muebles putrefactos. La buhardilla olía a lavanda. Fuera, el sol brillaba con agresividad. Era enero y hacía frío, pero aquella mañana se presentaba respetuosa. Mientras las burbujas doradas se deslizaban por el interior de su garganta, cauterizando memoria y pecados, el joven guitarrista contemplaba los añicos de su instrumento, agonizante en un rincón.

Aquella guitarra le había acompañado desde que aprendió a tocar, en los albores de su adolescencia. Años más tarde, pero todavía mucho antes de que la reventara con sus propias manos, se atrevió a cantar en el vestíbulo de la estación de tren de Amberes. Bajo los impresionantes arcos de la entrada, apenas pudo arrancar los primeros acordes de ‘Blowin’ in the wind’. Un grisáceo y educado guarda de seguridad arrojó una ristra de improperios sobre él. Eslabones de odio en francés y flamenco. Tuvo que marcharse antes de que le partieran la cara. Recogió los pocos francos belgas que alguien había lanzado dentro de la funda, y guiñó un ojo a la chica que, inmóvil y a punto de sonrojarse, aún seguía allí.

Mientras encendía un cigarrillo, ella se acercó a hablarle. Se llamaba Noa, estudiaba Arquitectura y también le apetecía fumar.

Dos años después, tuvieron su primera hija. Le llamaron Judy. Cinco meses antes, sus canciones empezaron a sonar por la radio. Ya no tendría que dormir en los parques. La primavera se volvió obesa y el verano, magnánimo. Las cerezas saben deliciosas cuando uno es capaz de llenar estadios y vaciar soledades. Le gustaba pensar que sus canciones sonarían cuando empezase el fin del mundo, allá lejos, en una dimensión ajena y proletaria.

Al día siguiente firmaría un nuevo contrato: daría el salto a una multinacional, conseguiría a los mejores productores, aumentaría su caché. Judy aprendió a tararear con nueve meses. Noa, de dolorosa hermosura, seguía inspirando las más bellas canciones que él jamás había compuesto. Miles de adolescentes veían sentido a su vida a través de su obra. Cientos de féretros eran sublimados con sus melodías como acompañamiento. La gente se padecía y se amaba a través de los arpegios. No había duda: era feliz, había llegado lejos. Desde la magnitud de los cinco continentes hasta la intimidad de cada hogar.

Pero su arte y su herida no eran verdaderos. Eran el enésimo eco del enésimo ser humano dolorido.

Lo sentía cuando le daba la vuelta a los mismos riffs de George Harrison, y como inevitable resultado obtenía otros riffs de George Harrison. Lo sentía al ver a su hijo de dos años imitando cada gesto suyo. Lo sentía cuando olvidaba su cumpleaños. Lo sentía al leer esa metáfora repetida, una maldita vez más, entre los renglones de su cuaderno de notas, donde garabateaba las letras de las canciones. Lo sentía cuando repetía los mismos gestos, los mismos puños en alto, los mismos liderazgos efímeros en los estadios, en las ondas y en los recuerdos, sobre las mismas masas, que antes que ajenas eran ingenuas, y antes que proletarias, huérfanas.

Por eso, en su buhardilla, el joven guitarrista se quejaba de su abundancia. Porque en ese momento de delicioso éxito, él, paladín rítmico, había comprendido la intercambiable similitud que había entre el doliente arte y el descarado simulacro.

Se había convertido en lo que más odiaba. Y no le molestaba lo más mínimo.

Foto: Portada de All things must pass, de George Harrison (1970).

 © 2014 Álvaro Ramírez Calvo. Todos los derechos reservados.

Anuncios

Un pensamiento en “Imitar

  1. Ulrica me invitó a su mesa. Me dijo que le gustaba salir a caminar sola.
    Recordé una broma de Schopenhauer y contesté:
    -A mí también. Podemos salir los dos.

    Nos alejamos de la casa, sobre la nieve joven.

Sapere aude!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s