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De las calles a las urnas (I): los Nuevos Movimientos Sociales

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Muchas cosas han cambiado en la arena política española tras el terremoto electoral de hace tres semanas. Un bipartidismo en retroceso, unos parlamentos regionales y ayuntamientos donde es muy difícil encontrar mayorías absolutas, y el triunfo de las candidaturas de unidad popular en algunas de las ciudades más importantes del país, como Madrid, Barcelona o Santiago de Compostela, son algunas de las consecuencias más directamente visibles de los últimos comicios. Nada de esto habría sido posible si no se hubiese producido un cambio más invisible, profundo y de largo recorrido: el de la transformación de las actitudes políticas entre buena parte del electorado español, como consecuencia de la repolitización que se ha venido experimentando en los últimos cuatro años.

De los tres efectos destacados en el párrafo anterior, han sido las candidaturas de unidad popular concurrentes a las elecciones municipales (Ahora Madrid, Barcelona en Comú, Marea Atlántica, entre otras) las que han protagonizado el foco mediático. Sobre todo por su éxito electoral, pero también por su composición heterogénea y plural, por sus procedimientos de funcionamiento interno, por su lenguaje y por sus repertorios de acción. Suponen, en sí mismas, un interesante objeto de análisis, en tanto aglutinan una esencia bicéfala a medio camino entre el partido político y el movimiento social. Ésa es, a mi juicio, la verdadera lección extraída de la pasada convocatoria electoral: han logrado entrar en las instituciones unos colectivos que no tienen que ver con las organizaciones políticas que han estado accediendo al poder en las últimas décadas.

Este artículo es el primero de una serie que plantea, desde un lenguaje accesible, un modelo teórico que explique la evolución que ha tenido el presente macro-ciclo de cambio social en España, iniciado en 2011 con el 15M. A través de un viaje de ida y vuelta entre la academia y la realidad, se presentarán algunos conceptos de la teoría de los movimientos sociales para explicar la consolidación de estas nuevas formas de acceso al poder: los nuevos movimientos sociales, la estructura de oportunidades políticas y el mercado para el activismo político. En esta primera entrega, desgranamos las ideas centrales de la primera de estas corrientes.

Sociedad en movimiento

Fue el sociólogo Jesús Ibáñez (2001) quien decía que las sociedades eran sistemas abiertos que se preservaban a través del cambio. El cambio social puede entenderse como un reajuste en las visiones, reglas y representaciones que ocurren en una sociedad dada. Uno de los vehículos más importantes para este tipo de transformación son los movimientos sociales, definidos como una red interactiva de individuos, grupos y organizaciones que dirigen sus reclamaciones a la sociedad civil y a las autoridades (Casquete 1998). Los movimientos sociales son, además, expresión de descontento social, y por tanto de conflictividad. En consecuencia, poseen una función mediadora entre gobernantes y ciudadanos: optimizan recursos, aglutinan objetivos comunes, encuadran problemas y diagnósticos, crean identidades. Esta definición, necesariamente parcial, es un ejemplo elocuente de la complejidad de la teoría de movimientos sociales. Dado que hacer un repaso a todas las corrientes dentro de dicha teoría sobrepasa el objetivo de esta serie, vamos a centrarnos en aquella que mejor describe la aparición de un movimiento como el 15M: los nuevos movimientos sociales (NMS).

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Dicha teoría surge en Europa en la segunda mitad del siglo XX. Al contrario que otros paradigmas funcionalistas o racionalistas, esta rama considera que los conflictos sociales son estructurales y centra su objetivo en analizar las causas que los provocan. Este punto de partida coincide en la historia con una creciente complejización y diversificación de las sociedades occidentales, que aumenta la brecha entre las instituciones y la sociedad civil (Melucci 1985). Como ejemplo, algunas de las expresiones colectivas que estudian los NMS son el ecologismo, el pacifismo o el movimiento okupa, entre otros. Según Anthony Giddens (2009), el análisis del NMS se puede hacer en base a cuatro características: los problemas tratados, las formas organizativas, los repertorios de acción y la composición de sus seguidores.

Los problemas tratados por los NMS no se centran tanto en aspectos tangibles relacionados con el bienestar material, sino en las mejoras abstractas en la calidad de vida. Por ejemplo, algunas de las principales reclamaciones del 15M fueron una mejor representatividad y transparencia en las instituciones democráticas, una gestión más justa de la crisis económica y una mayor responsabilidad entre las élites políticas. Reclamaciones que pretenden, de alguna manera, construir la casa por el tejado: una hipotética mejora a nivel estructural (por ejemplo, garantizar una mejor cobertura a los parados de larga duración) repercutiría positivamente en la vida cotidiana de las personas.

Las formas organizativas de los NMS se basan en redes comunicativas compuestas por nodos interconectados entre sí (Castells 2009), y no estructuras jerárquicas. Dichas redes cuestionan los códigos culturales dominantes, y para ello desarrollan una estrategia sin liderazgos personales que ocurre en la base de la sociedad, y que no pretende tanto producir un cambio social desde las instituciones hacia abajo como en repolitizar la vida cotidiana. En el caso del 15M, la efectividad de esta estrategia descentralizada, basada en asambleas y comisiones itinerantes, significó la irrupción de numerosas plataformas, como las diferentes Mareas, y la consolidación de movimientos ya establecidos, como la PAH.

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Por su parte, algunos ejemplos de los repertorios de acción de los NMS son las sentadas, manifestaciones o acampadas. La característica común de todos estos repertorios es que son acciones directas, simbólicas y no-violentas (Giddens 2009). Además, estas actuaciones se ven amplificadas por la tecnología, y en los últimos tiempos con especial énfasis a través de redes sociales como Facebook y Twitter: algunos de los hashtags empleados durante el 15M, como #democraciarealya, #nolesvotes o #notenemosmiedo, experimentaron una rápida viralidad, haciendo que cada usuario fuera un nodo en la red. Además, los eslóganes empleados fueron muy creativos y promovieron asociaciones mentales de gran impacto (Pujante y Morales López 2013).

Finalmente, los NMS son capaces de atraer a una base social de seguidores cada vez más plural: estudiantes, jubilados, gente perteneciente a diferentes clases sociales, inmigrantes, amas de casa… esta transversalidad se explica porque elementos centrales de las ‘viejas’ formas de movilización, como la identidad nacional, la religión o la clase social, no son relevantes para los NMS. Del mismo modo ocurrió durante el 15M. En sus primeras semanas, cerca de un 76% de la población decía estar a favor de sus reivindicaciones, y hay quien calcula que un mínimo de 2,2 millones de personas participaron en alguna de sus manifestaciones en 2011.

A modo de conclusión: la reacción del sistema político español

El nuevo ciclo político por el que está atravesando la política española, y que se caracteriza por el éxito que han tenido las candidaturas de unidad popular en algunas de las ciudades más importantes del país, hunde sus raíces en el surgimiento del 15M en la primavera de 2011. Dicho movimiento fue un fenómeno que compartía muchas características con las principales ideas de los NMS. Los problemas que abordó, el enfoque organizativo empleado, los repertorios de acción desplegados y los sectores sociales que se sintieron atraídos por su surgimiento son fácilmente encuadrables en esta corriente teórica de los movimientos sociales.

Por otro lado, el éxito que el 15M significó en términos de repolitización ciudadana y de impacto mediático, tuvo su contrapartida en términos de reacción de la estructura política española. En un primer momento, y dado que los ciclos de cambio social casi nunca coinciden con los cambios electorales, el 15M transmitió para algunos la sensación de que “llegaba tarde” a las elecciones (municipales, autonómicas y nacionales) que se celebraron en 2011. Por eso mismo, determinados elementos del sistema político español reaccionaron con desdén, hermetismo y represión ante el surgimiento del 15M. Sobre el margen de maniobra que la estructura política española le dejó a la supervivencia del movimiento, aspecto fundamental para entender el surgimiento posterior de plataformas electorales, hablaremos en la próxima entrada.

Referencias

  • Casquete, J. (1998) Política, cultura y movimientos sociales. Bilbao: Bakeaz.
  • Castells, M. (2009) Communication Power. New York: Oxford University Press.
  • Giddens, A. (2009) Sociology. Cambridge [etc.]: Polity Press.
  • Ibañez, J. (2002). Por una sociología de la vida cotidiana. Madrid: Siglo XXI.
  • Melucci, A. (1985) The Symbolic Challenge of Contemporary Movements, Social Research, 52 (4), 789-816.
  • Pujante, D. y Morales López, E. (2013) Discurso (Discurso Político), Constructivismo y Retórica: Los Eslóganes del 15-M, Language, Discourse and Society 2 (2), 32-59.

Fotografías: Patricia Campos

© 2015 Álvaro Ramírez Calvo. Todos los derechos reservados.

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