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El 27-S y la teoría de la negociación

Momento de la manifestación de la Diada 2015

Momento de la manifestación de la Diada 2015 (Ramón Fornell / DISO Press)

Sin duda, las elecciones catalanas del próximo domingo son la noticia política del momento. En esta ocasión, no son unas convocatorias autonómicas al uso, sino que pretenden ser un indicador de hasta qué punto hay una mayoría social que defiende la independencia catalana.

Sin embargo, pese a que la situación es claramente conflictiva, son escasos los análisis que estudian la actual pugna entre el independentismo catalán (aglutinado en las marcas de Junts pel Sí y las CUP) y el Gobierno español desde un esquema de negociación, a pesar de que es un concepto que ha estado muy presente en los debates políticos y mediáticos durante la campaña electoral.

La teoría de la negociación es una corriente muy enriquecedora, y es imposible abarcar sus aspectos fundamentales de forma satisfactoria en una sola entrada de blog. Sin embargo, algunas nociones pueden ser útiles para ver la situación desde una perspectiva más amplia.

En primer lugar, ¿qué es una negociación? Es la interacción entre dos o más visiones antagónicas que tiene como resultado un valor, que resulta, para cada una de las partes, mejor que sus alternativas. Ese valor puede ser económico, como el que se obtiene al regatear la compra de un coche de segunda mano, o ser más complejo y afectar a conceptos políticos de alcance, como la soberanía de un territorio. Es este último tipo de negociación el que aparece en nuestro caso (aunque también incluye el factor económico, por supuesto). Una negociación estratégica.

Cuatro elementos clave en una negociación

Hay cuatro elementos clave en la teoría de la negociación que pueden ayudarnos a comprender mejor la situación. El primero de ellos es el precio de reserva. El precio de reserva es un umbral por encima (o por debajo) del cual la negociación es inaceptable para las partes. Puede que al Gobierno estpañol le interese que Cataluña mantenga las mismas competencias, mientras que las candidaturas independentistas van a querer, obviamente, algo superior a la situación actual. Sin embargo, es difícil predecir cuán fuerte es la apuesta por la independencia como precio de reserva, puesto que las elecciones no han tenido lugar aún. Simplificando mucho, podemos traducir las aspiraciones políticas en un eje que muestre la tensión entre los diferentes precios de reserva. El reconocimiento de nuevas cotas de autogobierno por un lado, y el mantenimiento de la integridad territorial por el otro:

Precios de reserva

Precio de reserva del Gobierno catalán y el Gobierno español

El segundo de los conceptos es el BATNA (Mejor Alternativa a un Acuerdo Negociado, por sus siglas en inglés). BATNA se refiere a la acción unilateral de cada parte, y cuán satisfactorio para sus intereses puede ser el recorrido de dicha acción. Si la unilateralidad logra un BATNA que iguale o mejore el precio de reserva, no es necesario negociar. Sin embargo, el BATNA tiene un problema: funciona muy bien (y es más fácil de predecir) en negociaciones económicas, pero no ante eventuales secesiones territoriales, un escenario mucho más complejo y sensible.

En nuestro caso, el BATNA de cada una de las partes funciona como un órdago. Es un órdago cuando Mas afirma que, si las urnas le respaldan, declarará la independencia de Cataluña en año y medio, sin aliados internacionales de peso y al margen de cualquier diálogo apaciguador con el Gobierno español. Un órdago es también el BATNA que mantienen los aparatos del Estado, cuando sugieren que la integridad territorial española se mantendrá, agotadas las vías de diálogo, mediante toda una serie de medidas, desde la represión por parte de los cuerpos armados hasta la suspensión de competencias por vía judicial. En este último caso, dicha reacción sería costosa en términos de debilitamiento democrático e inestabilidad política.

La difícil implementación unilateral de cada BATNA nos lleva a pensar que una negociación es un escenario plausible, lo cual sirve para introducir el tercer concepto importante: ZOPA, o Zona de Posible Acuerdo. La ZOPA considera que hay un solapamiento entre lo que quiere cada parte, y por tanto hay un abanico de posibles resultados de cada negociación, un “baile de concesiones”.

En nuestro caso, consideremos de nuevo los precios de reserva de cada parte. Ambas opciones representarían los límites mínimo y máximo de la ZOPA. Si se sobrepasan dichos límites estaríamos entrando de lleno en cada BATNA. Respectivamente, mantener la integridad territorial a costa de sacrificar la autonomía catalana ya existente; y aumentar el autogobierno catalán a fuerza de romper la unidad territorial con España.

BATNA y ZOPA del gobierno español y el gobierno catalán

BATNA y ZOPA del gobierno español y el gobierno catalán

En negociaciones complejas como la que nos ocupa, la ZOPA no solo puede ser más o menos amplia, sino que además puede ser flexible y móvil, y terminar tendiendo hacia una de las partes (resultando, por tanto, menos atractiva para la otra).

¿Cómo se puede moldear la ZOPA? Uno de los mecanismos clave, y el que más ha aparecido durante la campaña, es el de las amenazas. Las amenazas en la negociación pueden tomar varias formas, pero dos de sus características son que sean visibles por la otra parte e irrevocables. Algunas de las amenazas que se han visto durante la campaña han sido la expulsión automática de la UE que sufriría Cataluña, o la pérdida del PIB que padecería España con la secesión, así como la obligación por parte del Estado de pagar pensiones y otras coberturas a los catalanes independizados que (por defecto) seguirían manteniendo la nacionalidad española.

Una forma de anular las amenazas e inclinar la balanza es mediante la inyección de incertidumbre en las aspiraciones de la otra parte. Así, España ha buscado prestamente aliados en su defensa de la unidad nacional y forzar la sensación de soledad de los independentistas, como se pudo comprobar en las declaraciones de Obama durante la visita de los reyes a EEUU, o en numerosas comparecencias de mandatarios de la UE, que han recordado que Cataluña tendría que llamar a las puertas de Europa y ser aceptada por unanimidad.

En ese sentido, viendo que la opción independentista carece de tales apoyos, el único valor para equilibrar el ZOPA a su favor sería tener una amplia legitimidad en las urnas, pero para ello haría falta una participación realmente masiva y un resultado abrumadoramente favorable a la independencia.

Hay que tener en cuenta que la realidad no es tan sencilla como una simple negociación entre dos miembros. Primero, hay varios partidos en la pugna catalana, lo cual implica la existencia de otra negociación, estrictamente limitada al parlamento catalán. Segundo, el Estado es también un ente multidimensional, que no se limita al gobierno central, sino también a organismos legislativos y judiciales, cada uno con sus propias competencias y limitaciones. Por último, la sociedad se compone de actores que también influyen en el escenario: empresariado, medios de comunicación, organizaciones de la sociedad civil, etc.

¿Hacia un nuevo status quo?

Sea cual sea la composición del parlamento catalán el 28 de septiembre, es problable que se produzca lo que Iñaki Gabilondo señalaba hace unos días: el actual status quo no va a servir, porque es el umbral mínimo de uno de los actores principales. Por eso, las expectativas políticas serán diferentes (es decir, superiores) a las de dicho status quo, y por eso mismo la negociación será un escenario altamente probable, salvo descalabro de las candidaturas independentistas.

A día de hoy, las encuestas arrojan resultados lejanos a dicho descalabro. No obstante, conviene recordar que la abstención es clave para otorgar legitimidad a la opción ganadora. Imaginen que gana el sí, con una mayoría absoluta del 60% de los votos emitidos, pero con una abstención del 39%, que es la abstención media de todas las elecciones catalanas celebradas desde 1980. ¿Sería legítimo separarse de España, con un porcentaje del electorado sin pronunciarse?

© 2015 Álvaro Ramírez Calvo. Todos los derechos reservados.

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