Cosas que pasan/Reflexión

Los refugiados, síntoma de la geopolítica

Madrid, 4 de septiembre de 2015. Más de 500 personas, convocadas por distintas organizaciones sociales y partidos políticos, se han concentrado hacia las 19 horas en frente de las oficinas del Parlamento Europeo en Madrid, situadas en el paseo de la Castellana 46. Bajo el lema

Concentración solidaria a favor de los refugiados en Madrid (Álvaro Minguito / DISO Press)

Las imágenes de centenares de refugiados retenidos en campos de internamiento serbios o saturando la estación central de Budapest encontraron su catarsis definitiva en la fotografía de Aylan. El niño sirio, ahogado en las costas turcas a principios de mes, provocó un eco inmediato en los medios de comunicación europeos. Hace unos días, un amigo húngaro residente en Budapest me comentaba cómo veía la situación: “Como Hungría es el primer país del espacio Schengen, está obligada a registrar a todos los refugiados que están constantemente cruzando la frontera. Son miles al día, así que es difícil. Además, muchos no quieren ser registrados, sino simplemente cruzar el país hacia Alemania. Pero según la regulación de Dublín III, hasta que no sean registrados no pueden abandonar el país. El truco está en que los refugiados no quieren quedarse aquí, sino que están presionando al sistema para que les deje continuar su viaje. Por otro lado, el resto de países de la UE no saben cómo manejar la situación. Finalmente, para las autoridades húngaras es difícil registrar a todos los refugiados, ofrecerles asilo, mantener el orden entre ellos y evitar cualquier confrontación con la población”.

A principios de semana, el gobierno húngaro decretó el estado de emergencia, lo cual implica el despliegue de alambradas a lo largo de las vías del tren (uno de los últimos puntos flacos fronterizos), así como penas de tres años de cárcel a quienes cruzan la frontera sin documentación, y de cinco a quienes dañen la valla, informa Olga Rodríguez. Además, países como Alemania, Austria o Países Bajos han desplegado controles fronterizos, y en Budapest se han registrado ataques xenófobos contra los refugiados, una penuria más que sumar a la persecución por motivos políticos en sus países de origen y a la explotación de las mafias en su periplo europeo.

Atacar a al-Asad, atacar al Daesh: ¿un falso dilema?

Sin embargo, las oleadas de refugiados procedentes de Siria, Irak o Afganistán no son más que el síntoma de un problema geopolítico de alcance. Ahora que la crisis de los refugiados ha salpicado al corazón de Europa, se está allanando el terreno para que la opinión pública europea asimile una eventual intervención militar de alcance en Siria. Francia y Gran Bretaña ya hablaron en esos términos la semana pasada, hipótesis también compartida por el ministro español de Exteriores, García Margallo, si bien manifestó que la prioridad sería entablar un marco de diálogo con Bashar al-Asad. Las declaraciones del ministro fueron realizadas en Teherán, durante la primera visita oficial tras el acuerdo nuclear entre EEUU e Irán. Teniendo en cuenta que Irán es un firme aliado del régimen sirio, se entiende el aire diplomático del ministro. Cortesía obliga en casa ajena.

Es en este punto donde la trama se retuerce un poco más, puesto que las posturas en torno a una eventual guerra multinacional en Siria responden a un esquema maniqueo (y habrá que ver hasta qué punto incompatible): o intervención contra al-Asad, o intervención contra los grupos extremistas de oposición, entre los que destaca Daesh. En una reciente entrevista, al-Asad pedía unidad contra el terrorismo, aunque acusó a países como Turquía, Arabia o EEUU de respaldar a Daesh, al-Nusra y similares.

Como ya se ha dicho, Irán y Siria son aliados desde hace más de treinta años. La teocracia persa, chií, siempre se ha llevado bien con la comunidad chiita en Siria, encarnada políticamente en el gobierno de al-Asad y en las redes patrimoniales de influencia que ha ido tejiendo tras décadas de dominio del partido Baaz. Pero además, el espinoso acuerdo nuclear supone un despertar al mundo. En un momento en el que Irán espera un aumento en las inversiones a medida que las sanciones internacionales vayan desapareciendo, consolidar su esfera de influencia en la esquina siria del Mediterráneo (lugar imprescindible para el tránsito de gas y petróleo hacia Europa) es una jugada nada despreciable. Dicho movimiento también podría interpretarse como una primera tentativa para disputarle a Arabia Saudí, wahabita, su dominio como potencia hegemónica del mundo musulmán. Algo que ya se está viendo en la actual guerra de Yemen, donde Arabia e Irán apoyan a facciones enfrentadas.

Potencias en un escenario de alta volatilidad

Pero hay más actores. Turquía es el país con mayor número de refugiados: en torno a dos millones, de los cuales un 14% están en campamentos. Una situación a todas luces insostenible, y acentuada por el comportamiento contradictorio del gobierno de Erdogan. Por un lado, el drama de los refugiados en Europa parte de sus costas, de forma aparentemente descontrolada (¿o quizá no tanto, para así desestabilizar la cohesión interna de la UE, siempre reticente a aceptar como nuevo socio al país otomano?); por otra, tiene un trato ambiguo con el Daesh, a quien bombardea, pero también con quien negoció la liberación de 49 rehenes turcos. Además, al gobierno turco le interesa que los yihadistas mantengan un frente abierto contra los kurdos, como Kobane, para desgastarlos en la ofensiva reactivada recientemente.

Otros actores son Arabia Saudí, Kuwait, Emiratos Árabes, Omar, Catar y Barein. Según Amnistía Internacional, los estados del Golfo Pérsico permanecen impasibles ante el éxodo masivo de refugiados de guerra. Por su parte, las petrocracias niegan este punto y afirman haber entregado permisos de residencia a cientos de miles de refugiados, así como ayuda financiera a los campos masificados de Jordania, Líbano y Turquía.

Rusia es otro elemento implicado, aunque existen discrepancias en torno a su papel en el conflicto. Posicionado desde el principio a favor de al-Asad, su participación se reduce al mero asesoramiento militar técnico, según el Kremlin. Pero otras versiones apuntan a que está construyendo una base militar al norte de Siria, desde donde realizar eventuales operaciones. Por su parte, la posición oficial de EEUU, líder de la coalición interacional contra el Daesh, es que la prioridad ahora mismo es la reconstrucción iraquí. Puede que haya decidido mantener un perfil bajo provisional en la crisis para no dinamitar la sensible relación con Irán. Aunque, por otro lado, no es ningún secreto que EEUU tiene en las monarquías del Golfo a unos fuertes aliados, próximos a su vez con el yihadismo. Como guinda, Israel permanece sospechosamente callado en la crisis de los refugiados, aunque en las últimas semanas ha atacado posiciones del ejército sirio en los altos del Golán, y es cuestión de tiempo que vaya adoptando una actitud cada vez más activa.

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Campo de ‘retención’ en Röszke, Hungría (Belén Lobos / DISO Press)

Un apunte final para los grupos yihadistas como Daesh. Si bien abundan las dudas sobre la viabilidad de una estrategia basada en enfrentarse y provocar a todo el mundo, no menos cierto es que se trata de un fenómeno que arroja algunas certezas. Su capacidad de reclutamiento y movilización de recursos, la obtención de algunos éxitos militares simbólicos, su financiación, sus conquistas territoriales o su consolidación como fuerza pseudo-estatal son algunas de las consecuencias más visibles de un monstruo bastardo concebido por muchos, reconocido por nadie y alumbrado en una sola tierra. Un movimiento de consecuencias imprevisibles y que puede ver en la crisis de los refugiados una oportunidad para extender redes en suelo europeo, sin perjuicio de seguidores europeos que ya estén aquí.

De momento, la consecuencia más fácil de prever en esta complicada situación, de la cual la guerra siria es sólo la actual estación de parada, es que el número de refugiados seguirá aumentando en el futuro próximo. Un síntoma visible de una geopolítica enferma.

© 2015 Álvaro Ramírez Calvo. Todos los derechos reservados.

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