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De las calles a las urnas (II): la Estructura de Oportunidades Políticas

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Efectivos policiales después de la concentración de marzo de 2014 que exigía la liberación de los detenidos en las Marchas de la Dignidad / EFE

Hace unos meses (perdón por el retraso) iniciamos una serie de entradas sobre la relación entre los movimientos sociales surgidos recientemente en España y el sistema político. La actualidad política del país se ha visto alterada por el hecho de que muchas plataformas colectivas surgidas en los últimos años han logrado acceder al poder institucional. La primera entrega de esta serie, centrada en el 15M, resumía las principales características de los Nuevos Movimientos Sociales (NMS).

Concluimos aquel artículo con una breve reflexión: el éxito de los movimientos sociales, es decir, su capacidad de provocar un cambio en la sociedad, depende en gran medida de la apertura o hermetismo del sistema político en el que están inmersos. La hipótesis que trataremos de probar en esta nueva entrega es que la cerrazón de la estructura política española contribuyó al surgimiento posterior de plataformas electorales inspiradas ideológicamente en el 15M.

Definiendo los límites de la Estructura de Oportunidades Políticas

Para entender esta hipótesis emplearemos otra importante rama de pensamiento de la teoría de movimientos sociales: la Estructura de Oportunidades Políticas (EOS). Sidney Tarrow (1994) la define como todo el conjunto de dimensiones del contexto político que provocan la acción colectiva, bien facilitándola o dificultándola. Es decir, la EOS entiende que el sistema político y los movimientos sociales se relacionan a través de un flujo de aperturas, puntos débiles y barreras (Eisinger, 1973). Para facilitar el análisis, algunos autores (Della Porta, 1995; Della Porta y Diani 2006; Klandermans 2001) sugieren la división entre oportunidades estructurales y coyunturales.

Oportunidades estructurales

Las oportunidades estructurales son las más rígidas y estables a lo largo del tiempo, e incluyen variables como el grado de (des)centralización del estado, los niveles de represión y el sistema de representación política.

Con respecto al nivel de (des)centralización del estado, la teoría (Kriesi, 1995) dice que en los estados descentralizados es más probable que un movimiento social sea exitoso. Esto es así porque el poder institucional está repartido en más niveles que en los estados centralizados, facilitando que la acción colectiva de las calles se aproveche de las “grietas” que pueda haber entre niveles. Sin embargo, pese a que España es un estado autonómico con un importante grado de descentralización, no parece que los movimientos sociales sean particularmente efectivos. ¿Cómo se explica esto?

Una primera respuesta podría ser que los movimientos sociales son herramientas que sirven para un fin. Cabría preguntarse, entonces, si existen creencias compartidas en todo a la efectividad de la movilización en la actualidad. En este sentido, hay que tener en cuenta que España es una joven democracia. La dictadura de Franco (1939-1975) dejó su impronta en varias generaciones de españoles, que fueron educados en una cultura donde el valor del activismo fue constantemente negado y perseguido. Por tanto, aunque la descentralización del estado es importante para que un movimiento fructifique, también lo es que haya una trayectoria histórica y cultural que consolide las creencias en torno a la validez de la acción colectiva.

La represión se refiere a todas aquellas prácticas que bloquean o disminuyen la actividad de un movimiento social. Puede venir tanto de las autoridades como de contramovimientos, y puede ejercerse tanto violenta como sutilmente (McAdam, 1996).  En el caso del 15M, la represión vino fundamentalmente de la policía, que intervino varias veces en las acampadas distribuidas por diversas ciudades españolas. De hecho, el movimiento tuvo su explosión tras las detenciones de la noche del 15 de mayo en la Puerta del Sol: al día siguiente, unas 4.000 personas decidieron acampar en el mismo sitio. Por tanto, la represión, destinada a debilitar el movimiento, paradójicamente le dio vida. Sin embargo, algunas intervenciones policiales terminaron desmantelando campamentos.

En general, la actuación policial ha sido una constante en la mayoría de manifestaciones derivadas del 15M: algo que se ha repetido en eventos como Rodea el Congreso (2012) o las Marchas de la Dignidad (2014). Otra forma de represión, más sutil, es la que viene de la regulación jurídica de la protesta, como ha demostrado la actual Ley Mordaza.

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El hemiciclo del Congreso de los Diputados

Finalmente, el sistema de representación política es otra de las oportunidades estructurales. España se compone de 52 circunscripciones, una por cada provincia. A cada circunscripción se le atribuyen diferente número de diputados en el Parlamento en función de su peso demográfico (por ejemplo, Ceuta y Melilla tienen uno cada una, mientras que la región de Madrid aspira a 36). Algunas consecuencias de este sistema es que las regiones menos pobladas están sobrerrepresentadas, mientras que las de mayor tamaño, precisamente las que son políticamente más plurales, están infrarrepresentadas.

Por otra parte, la mayor parte de los diputados que se eligen pertenecen a dos partidos, PP y PSOE. Este sistema garantiza un sistema estable, aunque los partidos minoritarios quedan excluidos. Además, el sistema de representación permite la formación de mayorías absolutas cuando un partido obtiene más del 50% de los escaños. Dicha mayoría implica un bloqueo de todas las iniciativas de la oposición, disminuyendo mucho el margen para la negociación parlamentaria. La brecha formada entre representantes y representados fue una de las claves que explican el surgimiento del 15M.

Oportunidades coyunturales

Por su parte, las oportunidades coyunturales son más dinámicas y cambiantes, y se dividen entre las facilidades para acceder al poder político, la existencia de alineamientos sociales favorables al movimiento y la presencia de divisiones entre las élites políticas.

La facilidad de acceso al poder se explica fundamentalmente por la existencia de procedimientos de democracia directa, como las iniciativas legislativas populares (ILP). Éste es un mecanismo que permite la participación ciudadana más allá del voto electoral, y que se basa en la recogida de firmas para la modificación legislativa  (Aranda, 2006). Sin embargo, es una herramienta no muy eficaz: Aranda indica que, entre 1978 y 2004 se promovieron 34 iniciativas: ocho fueron tramitadas en el Parlamento, y una se convirtió en ley. Un ejemplo reciente de esta ineficacia se encuentra en la ILP promovida por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), un movimiento anti-desahucios que aumentó su apoyo popular tras la explosión del 15M.

En 2011, la PAH inició una campaña de recogida de firmas para que se regulara en el Congreso de los Diputados la dación en pago de la vivienda. Es decir, que aquellas familias que no podían hacer frente a sus hipotecas liquidasen su deuda con el banco mediante la entrega del piso. Tras una intensa campaña de sensibilización, la PAH recogió 1,4 millones de firmas que presentó en al Parlamento en 2013. A pesar de que la ILP fue aceptada, el Gobierno del PP hizo una propuesta legistlativa alejada de los propósitos de la PAH. Finalmente, el movimiento retiró la iniciativa.

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Representantes de la PAH muestran el número de firmas recogidas en apoyo de su ILP

Por su parte, el alineamiento es una variable compleja que se refiere al grado de congruencia existente entre las reclamaciones de un movimiento social y el electorado. En este sentido, el 15M gozó de muchos apoyos entre una amplia horquilla de la población española, que comulgaba con reivindicaciones en términos de representatividad democrática e igualdad económica. Por ejemplo, según una encuesta publicada en agosto de 2011, el 76% de la ciudadanía encontró las reivindicaciones del movimiento como “razonables”. Otros estudios realizados más tarde arrojaron resultados similares (Sampedro y Lobera, 2014).

Por último, las divisiones entre élites políticas se refieren a la existencia de diferencias entre los grupos políticos en el poder. Estas diferencias se pueden traducir como una oportunidad para que los movimientos sociales encuentren aliados en el Congreso de los Diputados que lleven sus propuestas a la arena política. Sin embargo, la existencia de un bipartidismo tradicional en España y la realidad de la mayoría absoluta en la legislatura 2011-2015 han hecho difícil que se produzca dicha correa de transmisión… y que, simultáneamente, la opción de crear un partido político desde cero cobre más fuerza.

Introduciéndose en el espacio político: del 15M a Podemos

En este capítulo hemos visto que el nivel de descentralización del Estado, la represión, el sistema de representación política, los mecanismos de participación democrática directa, la alineación entre el electorado y el movimiento y la división entre élites políticas son algunas de las principales dimensiones que caracterizan la EOS. Estos indicadores pueden ayudar a intuir el nivel de impacto de un movimiento social en el escenario político.

¿Qué factores beneficiaron y perjudicaron al 15M? Un primer análisis puede llevar a la conclusión de que, a pesar de gozar de popularidad entre amplias capas de la sociedad, el 15M se vio afectado por la represión y la falta de aliados políticos potentes. Esto, junto con la escasa representatividad que el sistema político ofrece a los movimientos sociales dentro del Parlamento, habría terminado por provocar un agotamiento que forzaría a ciertos sectores movilizados a crear nuevas formaciones políticas que recogieran la herencia del 15M.

Sin embargo, este tránsito de los movimientos sociales a las urnas no fue una evolución natural y tranquila, sino que tuvo sus propias tensiones internas. Sobre este punto tratará la próxima entrega de la serie, donde se definirán tres tipos de activistas en función de sus esperanzas (o no) en los nuevos partidos políticos surgidos del 15M: creyentes, conversos y apóstatas.

Referencias

  • Aranda, E. (2006) La nueva Ley de la Iniciativa Legislativa Popular, Revista Española de Derecho Constitucional, 78 (sep-dec): 187-218.
  • Della Porta, D., Diani, M. (2006) Social Movements. An Introduction. Malden [etc.]: Blackwell Publishers.
  • Eisinger, P. K. (1973) The Conditions of Protest Behavior in American Cities, The American Political Science Review, 67(1) (Mar. 1973): 11-28.
  • Klandermans, B. (2001) Why Social Movements Come Into Being and Why People Join Them. En The Blackwell Companion to Sociology, ed. Judith R. Blau. Malden [etc.]: Blackwell Publishers.
  • Kriesi, H. (1995) The Political Opportunity Structure of New Social Movements: Its Impact on Their Mobilization. En The Politics of Social Protest. Comparative Perspectives on States and Social Movements, ed. J. Craig Jenkins y Bert Klandermans. Londres: UCL Press.
  • McAdam, D. (1996) Political Opportunities. Conceptual origins, current problems, future directions. En Comparative Perspectives on Social Movements. Political Opportunities, Mobilizing Structures, and Cultural Framings, ed. Doug McAdam et al. Cambridge [etc.]: Cambridge University Press.
  • Sampedro, V. y Lobera, J. (2014) The Spanish 15-M Movement: a consensual dissent?, Journal of Spanish Cultural Studies, DOI: 10.1080/14636204.2014.938466.
  • Tarrow, S. (1994) Power in Movement. Social Movements, Collective Action and Politics. Cambridge [etc.]: Cambridge University Press.

© 2015 Álvaro Ramírez Calvo. Todos los derechos reservados.

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