Cosas que pasan/Reflexión

1-O: Democracia bajo mínimos

 

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Corpus de Sang / Antoni Estruch (1907)

 

Con bastante probabilidad, la imagen política del año va a fraguarse en Cataluña este domingo. Y va a ser una imagen completamente inusual que podría resumirse en una disyuntiva: o bien miles de personas votando en el referéndum sobre la independencia organizado por el Govern, o bien policía reprimiendo dicha votación. Quizá lo que tengamos sea una mezcla, más o menos proporcionada, de ambas imágenes.

No creo que nadie esté en posición de vaticinar con certeza lo que va a ocurrir en los próximos días en Cataluña y el resto de España. Estas líneas sólo sirven como reflexión para lo que ya hemos aprendido.

En primer lugar, han sido muchas las voces que desde varias orillas ideológicas han incidido en la necesidad del diálogo y la negociación entre las partes del conflicto, para alcanzar un punto favorable a todos, ya sea un referéndum pactado o cualquier otro. Sin embargo, aunque esto pueda parecer deseable para muchos, hay términos como el de BATNA (en inglés, mejor alternativa a un acuerdo negociado) que nos enseñan que a veces los actores de un conflicto no quieren negociar porque ganan más sin sentarse a hablar que haciéndolo: ¿sería posible que la polarización del conflicto esté beneficiando electoralmente al PP en España y a los grupos independentistas en Cataluña? Lección número 1: las negociaciones no siempre son beneficiosas para el interés general.

Teóricamente, para realizar un referéndum unilateral los convocantes deberían gozar de una amplísima legitimidad. Si nos atenemos a los resultados electorales de las elecciones catalanas de 2015 y la posterior composición parlamentaria, veremos que dicha legitimidad no existe actualmente. De hecho, es tan mínima que lo único que garantiza es la división polarizada entre posiciones. Hay más: el otro día escuchábamos a Puigdemont decir que no hacía falta ni participación mínima ni número mínimo de síes para declarar automáticamente la independencia de Cataluña. Lección número 2: para cuestionar de forma institucional la integridad territorial de España no es necesario gozar de amplios apoyos.

Por otro lado, el gobierno español ha mostrado su peor cara en las últimas semanas: despliegue masivo de antidisturbios, detenciones, cierre de medios de comunicación, incautación de papeletas, restricción al derecho de asociación… se vuelve a ver un hilo conductor entre gobierno, tribunales y medios de comunicación. Aunque el esquema se repite, parcialmente y a menor escala, en Cataluña (con su gobierno autonómico y sus medios de comunicación), claramente es el Estado el que está desplegando todo su potencial para reprimir la situación: su sombra es alargada, implicando a jueces, policías y periodistas. Independientemente de la legitimidad que tenga para ello, parece clara la afirmación realizada por David Fernández: el Estado español sólo sabe vencer, al margen de los medios empleados. Lección número 3: el Estado es poderoso y es capaz de trascender su ámbito de intervención para sus fines.

También debemos hablar de la sociedad civil, que está mostrando un comportamiento diferente dentro y fuera de Cataluña. Dentro, una parte notoria de la sociedad (que no necesariamente la más numerosa, como hemos visto en la Lección 2) está fuertemente consolidada a favor de la independencia, como ha venido viéndose en las Diadas de los últimos años. De hecho, representantes de esa sociedad civil organizada han llamado a mantener un clima de movilización permanente en las calles en estos días. Fuera, la sociedad civil española aparece como naturalmente fragmentada, tímidamente politizada y, en algunos casos ruidosos, fuertemente polarizada. Tanto dentro como fuera de Cataluña, se percibe una fuerte dependencia de lo que están decidiendo los partidos políticos. Por tanto, no están funcionando los marcos de solidaridad entre pueblos que intentaron desplegar Ada Colau y Manuela Carmena, entre otras. Al menos en el lado español, lo que se percibe es un clima de escalada y polarización. Lección número 4: las sociedades civiles española y catalana no parecen ser capaces de intermediar al margen de las élites políticas.

En conclusión: la democracia se está revelando como un instrumento ineficaz, al margen de que el referéndum se termine celebrando o no. En Madrid y Barcelona hay parlamentos plurales cuya composición permite el despliegue de iniciativas de diálogo multi-partido, España es un Estado multinivel donde puede darse la gobernanza de multitud de actores políticos y sociales, hay una supuesta libertad de información para estimular el debate público sobre un asunto de crucial importancia… Y sin embargo, la realidad se nos muestra tan tozuda como de costumbre. El fracaso de las vías negociadas, la aparición de iniciativas unilaterales de escasa legitimidad, el excesivo papel represor del Estado, el hermético ariete mediático y la existencia de una sociedad civil desarticulada, anestesiada e incapaz de promover el debate público, son realidades que nos llevan a una lúgubre lección número 5, largamente conocida: que la democracia en España está lejos de consolidarse y madurar.

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