Apuntes/Reflexión

Breve historia de la paz (y IV): de la Primera Guerra Mundial hasta principios del siglo XXI

 

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Imagen satírica contra el movimiento objetor de conciencia publicada en un periódico inglés durante la I Guerra Mundial. el texto dice que los objetores “van a ganar la guerra cantando canciones de amor a los hunos [término despectivo para referirse a los alemanes]”

Capítulos anteriores: Prehistoria y Antigüedad, Edad Media y Moderna, De la Revolución Francesa a la Primera Guerra Mundial

Reacción al reclutamiento de tropas: el movimiento de los objetores de conciencia

El siglo XX implicó el surgimiento de perspectivas innovadoras en torno al concepto de paz, que eventualmente conformaron una serie de significados y prácticas sociales todavía vigentes. De manera constante a lo largo del siglo, estas nuevas expresiones surgieron en la mayoría de casos desde la sociedad civil. En un principio, como una reacción contra las dos guerras mundiales. El ejemplo más claro fue el movimiento de los objetores de conciencia surgido en Reino Unido (Fellowship of Reconciliation, 1915) y Estados Unidos (War Resisters League, 1923) como rechazo al reclutamiento militar, y considerado con frecuencia uno de los precedentes más claros de los movimientos sociales pacifistas (Casquette 1996). Décadas más tarde, los horrores de la Segunda Guerra Mundial (el bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki, el Holocausto cometido por el régimen nazi, los ataques aéreos sobre la población civil llevados a cabo por distintas partes) produjeron una serie de movimientos diplomáticos que desembocaron en la fundación de las Naciones Unidas, una organización intergubernamental dedicada a la cooperación pacífica entre los estados, satisfaciendo así las reclamaciones que, desde el siglo anterior, se estaban haciendo en el campo del derecho internacional.

Desobediencia civil: los casos de India y Estados Unidos

Los siguientes años representaron un salto cualitativo sin precedentes en el desarrollo de estrategias pacíficas con notables efectos políticos. Por ejemplo, la campaña de no-violencia (Satyagraha) llevada a cabo en India por Mahatma Gandhi, y que desembocó en la independencia del país en 1947. Dicha campaña también implicaba otras prácticas contestatarias, como la desobediencia civil y la no cooperación con los colonizadores británicos (Brock y Young 1999). El concepto de no-violencia fue tremendamente influyente en otros procesos de descolonización en el Tercer Mundo, aunque por desgracia no fue completamente hegemónico: países como Argelia, Mozambique o Sudáfrica experimentaron diversos episodios de violencia política, guerrillas o guerra civil (Fanon 2011; May 1972).

De forma similar, la no-violencia fue determinante en los movimientos en defensa de las minorías étnicas, como el caso del movimiento por los derechos civiles que tuvo lugar en Estados Unidos entre 1955 y 1968. Dicho movimiento aspiraba a la igualdad política, económica y cultural entre ciudadanos de raza blanca y negra. Inspirado por los objetores de conciencia y por la no-violencia ghandiana, el movimiento por los derechos civiles abarcaba a organizaciones heterogéneas, como el Congreso por la Igualdad Racial (CORE, en inglés), el Comité Coordinador de Estudiantes Noviolentos (SNCC) y la Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano (SCLC), de la cual Martin Luther King fue su líder más carismático.

 

Martin Luther King Jr.

Martin Luther King fue el líder más carismático del movimiento por los derechos civiles en EEUU

 

El pacifismo como movimiento social contestatario

En esa misma época, la Campaña por el Desarme Nuclear (CND), un movimiento social contra el empleo de armas atómicas, comenzó su andadura en el Reino Unido. El CND fue una organización pionera a la hora de apelar exitosamente a audiencias transversales y convocar grandes manifestaciones y marchas (Brock 1970). Debido al impacto simbólico que realizó sobre la esfera política, el CND se convirtió en un preludio evidente de los nuevos movimientos sociales surgidos en Europa Occidental y Estados Unidos en los años siguientes a la Segunda Guerra Mundial, y de los cuales el pacifismo fue un ejemplo paradigmático.

En los años centrales de la Guerra Fría, el movimiento por la paz se convirtió en un fenómeno masivo, especialmente a través de hitos como las protestas contra la guerra de Vietnam, que revelaron la existencia de una sociedad global incipiente capaz de movilizarse a favor de la paz (Kaldor 2005; Thörn 2007). El pacifismo internacional siguió ocupando un espacio central en las movilizaciones colectivas que tuvieron lugar en las décadas de los setenta y ochenta, pasando a compartir estrategias de acción y objetivos con otros colectivos, como el feminismo y el ecologismo. En Europa Occidental, la acción conjunta de estos movimientos alcanzó su pico en  las protestas que el European Nuclear Disarmament (END) desplegó en los ochenta contra la OTAN y sus planes de instalar armas nucleares tácticas en Gran Bretaña, Alemania Occidental, Países Bajos, Bélgica e Italia (Bárcena 1990).

 

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El logotipo del CND se ha convertido en el símbolo internacional de la paz

 

El escenario post-Guerra Fría: nuevas esperanzas y amenazas

Tras la caída del muro de Berlín, el pacifismo se ha fusionado con otras expresiones de descontento, como el movimiento de solidaridad con el Tercer Mundo o las protestas antiglobalización, conformando una corriente heterogénea de protestas colectivas que ha protagonizado eventos destacados como las movilizaciones antiglobalización de Seattle (1999) y Génova (2001), o la oleada de protestas contra la guerra de Irak en la primavera de 2003. Al mismo tiempo, el mundo posterior a la Guerra Fría ha sido testigo de la expansión hegemónica de las democracias liberales, frecuentemente consideradas como el sistema político más pacífico (Ray 1998; Waltz 2000). Algunas fuentes consideran que hay un descenso mundial en el número de conflictos armados debido a factores como la creciente interdependencia económica entre países, la expansión de democracias estables y el afianzamiento de organizaciones de arbitraje internacional como la ONU (Human Security Report Project 2013).

Sin embargo, el contexto internacional de las últimas dos décadas está lejos de ser plenamente pacífico, como demostraron las guerras en la antigua Yugoslavia, Somalia, Afganistán o Irak, entre otras. A pesar de ello, los conflictos interestatales se han convertido en un fenómeno menos frecuente, a expensas de un aumento en el número de guerras civiles: un informe publicado por el Instituto de Investigación para la Paz de Oslo y la Universidad de Uppsala mostró que 39 de los 40 conflictos activos en 2014 tenían las características de una confrontación civil. De ellos, 13 eran conflictos “internacionalizados”: uno o varios estados habían aportado tropas a al menos uno de los bandos en liza (Pettersson y Wallensteen 2015). En muchos casos, este tipo de conflictos representa una oportunidad para la extensión de la violencia paramilitar por parte de actores no estatales, desde clanes étnicos armados hasta cárteles de droga. De todos estos grupos irregulares, las organizaciones terroristas son de lejos las más letales: varios cálculos estiman sus víctimas anuales en más de 15.000, reforzando una tendencia que no muestra signos de debilitamiento (Global Peace Index 2015).

 

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La madrileña plaza de Cibeles durante la manifestación contra la guerra de Irak de febrero de 2003 (AP)

 

Por otro lado, algunos autores han acuñado en las últimas décadas el término de “nuevas guerras” para describir las tendencias en el mundo posterior al 11-S. Los principios de este paradigma son los siguientes: las nuevas guerras aparecen en un contexto de estados estructuralmente fallidos; se mueven por motivos étnico-religiosos y no tanto  ideológicos; los civiles son deliberadamente seleccionados como objetivo; y abarcan a una amalgama de actores, incluyendo ejércitos regulares, grupos insurgentes, organizaciones de ayuda internacional y paramilitares (Newman 2004). Sin embargo, otros autores consideran que las guerras actuales se luchan por los mismos motivos económicos, políticos e ideológicos que siempre, y que las nuevas realidades surgidas al calor de la globalización sólo añaden una capa adicional de complejidad a sus conceptualizaciones clásicas (Malešević 2008).

¿Cuál será, entonces, la evolución de la guerra y la paz en las próximas décadas? La respuesta no está clara. A pesar del aparente descenso en el número de guerras entre países, la comunidad internacional tiene ante sí nuevos retos, como el cambio climático, la crisis energética, los movimientos migratorios, el auge de movimientos de extrema derecha o el crecimiento del terrorismo islámico. La naturaleza impredecible de estos fenómenos implica que las guerras puedan seguir siendo funcionales con respecto a su objetivo clásico: la lucha por el control político a través de la fuerza extrema y sistemática. En definitiva, la paz tiene todavía un largo camino por delante antes de que se convierta en un mecanismo establecido en el marco de las relaciones humanas y políticas.

Referencias bibliográficas

  • Bárcena, I. (1990) El movimiento por la paz y el desarme europeo: la experiencia del END (1980-1985). Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea.
  • Brock, P. (1970) Twentieth-Century Pacifism. New York: Van Nostrand Reinhold.
  • Brock, P. & Young, N. (1999) Pacifism in the Twentieth Century. Syracuse: Syracuse University Press.
  • Casquette, J. (1996) Política, cultura y movimientos sociales. Aproximaciones al estudio de los movimientos sociales contemporáneos. Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea.
  • Fanon, F. (2011) Los condenados de la tierra. Tafalla: Txalaparta.
  • Global Peace Index (2015) Global Peace Index 2015. Measuring peace, its causes and its economic value. Sydney: Institute for Economics & Peace.
  • Human Security Report Project (2013) Human Security Report 2013. The Decline in Global Violence: Evidence, Explanation, and Contestation. Vancouver: Simon Fraser University.
  • Kaldor, M. (2005) Global Civil Society. An Answer to War. Malden: Polity Press.
  • Malešević, S. (2008) ‘The Sociology of New Wars? Assessing the Causes and Objectives of Contemporary Violent Conflicts’, International Political Sociology, 2, pp. 97-112.
  • May, R. (1972) Power and Innocence. A Search for the Sources of Violence. New York: Delta.
  • Newman, E. (2004) ‘The “New Wars” Debate: A Historical Perspective is Needed’, Security Dialogue, 35(2), pp. 173-189.
  • Pettersson, T. & Wallensteen, P. (2015) ‘Armed Conflicts, 1946-2014’, Journal of Peace Research, 52(4), pp. 536-550.
  • Ray, J. L. (1998) ‘Does Democracy Cause Peace?’, Annual Review of Political Science, 1, pp 27-46.
  • Thörn, H. (2007) ‘Social Movements, the Media and the Emergence of a Global Public Sphere’, Current Sociology, 55(6), pp. 896-918.
  • Waltz, K. N. (2000) ‘Structural Realism after the Cold War’, International Security, 25(1), pp. 5-41.
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